Nazismo, realidad espeluznante

Publicado: 23 nov 2024 - 00:30

Werner Smoydzin escribió en 1967 “Los nuevos nazis”, libro imprescindible para entender en la actualidad el auge del nazismo en países democráticos, fundamentalmente en los que vencieron al III Reich en la Segunda Guerra Mundial y que, desde entonces, mantienen teóricamente una larga tradición de derechos y libertades. Sin embargo, las nuevas generaciones desconocen el peligro que representa el crecimiento electoral de los partidos de ultraderecha, que en las últimas elecciones han conseguido aumentar su representación en los parlamentos democráticos, lo que les ha facilitado la posibilidad de llevar a cabo políticas reaccionarias en colaboración con algunos partidos conservadores que han roto los cordones sanitarios que limitaban las posibilidades de gobiernos de extrema derecha. Es la alianza de los viejos nazis, antisemitas, xenófobos, homófobos, racistas, supremacistas… con los negacionistas, los conspiranoicos, los partidarios del discurso del odio y sobre todo con los que se creen miembros del “Pueblo de Dios” y mantienen la Biblia en su literalidad como mandato divino para someter a las razas inferiores y eliminarlas cuando sea necesario. La historia de EEUU y de Israel son el ejemplo más sangriento de genocidios de infieles y de “nativos inferiores” que “carecen de alma”.

Coincide esta preocupante situación con una serie de factores que pueden ponen en peligro la Sociedad del Bienestar, impulsada, fundamentalmente, por los gobiernos socialdemócratas, que la ha financiado a través de los impuestos: la educación pública universal y gratuita, la sanidad pública, las pensiones y las políticas sociales, destacando la atención a la dependencia. Estas conquistas no son valoradas suficientemente porque se las considera connaturales a la condición de ciudadanía.

Las nuevas generaciones desconocen el peligro que representa el crecimiento electoral de los partidos de ultraderecha

Pero la socialdemocracia está en una profunda crisis por su incapacidad de enfrentarse a los nuevos retos que debilitan la democracia y favorecen liderazgos populistas que resultan más atractivos para las masas que una socialdemocracia oxidada y sin ideas. Mientras, el nacionalsocialismo ha renunciado a factores rituales denostados por la historia, llegando a coincidir con el sionismo en sus políticas genocidas, siendo Netanyahu tan nazi como lo fue Hitler en el Holocausto del pueblo judío. Son los pueblos que más han destacado por su antisemitismo los que manifiestan su apoyo al Gobierno israelí en su planificado exterminio del pueblo palestino (el Gobierno del ultranacionalista Viktor Orbán manifiesta su condena a la orden de detención por criminal de guerra de Benjamín Netanyahu).

El neofascismo ha renunciado a presentarse como enemigo de las libertades, orientando su actividad política a la desaparición del estado democrático, sustituyéndolo por un estado centralizado, regido por un dictador que cuente con el apoyo de las masas y que no dude en utilizar el terror y la violencia en defensa del territorio. Trump, Biden, Bolsonaro, Netanyahu, Meloni, Putin, Zelenski… ¿logrará Santiago Abascal pertenecer al selecto grupo de pronazis europeos con un ministerio? La respuesta la tendría Alberto Núñez Feijóo.

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