Afonso Vázquez-Monxardín
As xoais de Zapatero, oportunidade perdida
En 1935, la Italia fascista invade Abisinia. El país se siente contento y orgulloso de una campaña en la que apenas hubo bajas italianas. La Sociedad de Naciones condenó la agresión e impuso sanciones a italia, que se quedaron en nada.
La agresión responde a las fantasías de un megalómano que soñaba con restaurar el antiguo Imperio romano. Este soñador de imperiales grandezas fue Benito Mussolini.
Al margen de estos delirios, una maestra italiana nos relata el ambiente de miedo y falta de libertad que vivió siendo una niña. Sus vivencias infantiles las recoge en un libro titulado "Cerdeña, mi país", y la escritora es María Giacobbe.
Mi "colega" italiana de testimonio del adoctrinamiento que el régimen fascista imponía en las escuelas. Había muchas cosas progíbidas, entre ellas escuchar emisoras clandestinas, hablar mal del Duce...
Esta niña italiana de 1935 no acepta el ambiente de burla y desprecio hacia los abisinios y su emperador Haile Selassie, el Negus.
Una canción entonada a coro en la escuela le produce especial efecto emético. Su letra decía: "Queremos ver al Negus para cortarle la barba y hacer de ella cepillos con que limpiar las botas al Duce Mussolini".
"La canción -escribe- me era antipática y nunca me uní al coro, aunque no podía evitar imaginarme al Negus como a un monstruo, con enormes bigotes manchados de betún".
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