Ramón Pastrana
LA PUNTILLA
Nicolás
Cerca andaba la letra de la canción “Waka Waka”, que llevó al mundo la colombiana Shakira, convertida en el tema oficial de la Copa Mundial de la FIFA en 2010, pese a que, obviamente, África es mucho más. Esa es precisamente la cuna del conflicto que está pasando desapercibido, no porque lo ignoren los medios de comunicación, sino porque no parece hacerse un análisis objetivo y de amplio espectro acerca de lo que está sucediendo.
Sin menoscabo de la especial sensibilidad con la que se deben valorar temas como el tráfico ilícito humano, la explotación o la necesidad de ofrecer refugio a los exiliados políticos, de igual modo que es indiscutible que nadie deja atrás su vida por deporte sino por necesidad, el asunto revienta el 17 de este mes cuando en Salou se desata una batalla campal entre manteros y la policía, en una redada para intervenir toneladas de falsificaciones comercializadas con daño manifiesto a la propiedad industrial, Hacienda y al conjunto de la ciudadanía. La cosa no tendría mayor relevancia si no fuera por la reacción de los manteros, que plantea tantas dudas como respuestas.
Pero para entender todo esto hay que regresar al 12 de mayo de 2025, cuando un guardia civil es atacado con un gancho de hierro por uno de los 400 ilegales que asaltaron la valla de Ceuta. Centrándolo, no se trata de una simple cerca, sino de una doble verja de seis metros de altura coronada por alambre de espino. Esta anotación es clave porque no es lo mismo apearse pacíficamente de un cayuco en la costa de Almería que asaltar una frontera fuertemente custodiada.
El primer supuesto trasluce el anhelo de alcanzar un nuevo horizonte de prosperidad y libertad, e incluso la seguridad ante el exilio. El segundo pone de manifiesto la entrada ilegal en un estado soberano, con prácticas delictivas, y ejerciendo la fuerza contra la autoridad y soberanía del país de destino, a la sazón, España.
Examinando en profundidad los hechos, se plantean ciertos aspectos de lo más controvertidos, a saber: ¿qué hacen estos hombres solos, en edad de tener mujer e hijos?
La arremetida, repetida ya en diferentes ocasiones, pone en marcha a un nutrido grupo de hombres de entre 18 y 32 años, de buena planta, provistos de cuchillos y armas rudimentarias como ganchos de hierro o bolas de acero; organizados, disciplinados y con una estrategia para desafiar a España.
Examinando en profundidad los hechos, se plantean ciertos aspectos de lo más controvertidos, a saber: ¿qué hacen estos hombres solos, en edad de tener mujer e hijos? No se les ve famélicos sino bien alimentados, provistos de buenos móviles que les permiten, entre otras cosas, comunicarse entre ellos. Esos ganchos con los que se puede arrancar un ojo y bolas con las que se noquea a cualquiera no son instrumentos improvisados, sino que viajan con ellos y están entrenados para utilizarlos. Cuando finalmente vencen la valla, avanzan en línea de 300 ó 400 individuos que luego se dispersan para dificultar su captura.
Todo esto es lo que define y separa a un inmigrante irregular de un invasor, porque existe una diferencia manifiesta entre quienes vienen en busca de una oportunidad, aceptando ser jornaleros, estibadores, limpiadores, mozos de almacén o lo que se tercie -es decir, los oficios más duros y humildes-, de aquellos que forman parte de un contingente organizado que no vienen a trabajar a España, sino a dedicarse al top manta de falsificaciones. Actividad que les permite obtener recursos moviéndose libremente por el territorio, escrutándolo y estudiándolo en profundidad.
Llegados a este punto, volvamos a los sucesos de Salou, donde los manteros se enfrentaron de manera organizada a las fuerzas de orden público, recibidas tras barricadas y agredidas con piedras y objetos contundentes. España -y Europa- dispone de instituciones e instrumentos para dirimir diferencias como la propiedad y la actividad. Si su respuesta va a ser los palos y las piedras, ¿qué objeto real tiene haber salido de África? ¿Acaso no se trataba de extender la riqueza hacia el sur? Quizá va siendo hora de aplicar la vieja medida, tradición en toda Europa, de deportar a quienes delinquen y dañan en España. Y es que el progreso que se construye sobre el conflicto y la violencia es un edificio frágil que se torna peligroso para todos.
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