Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
CLAVE GALICIA
Los vecinos salvan a los vecinos. El pueblo no salva, “é quem mais ordena”, como cantamos con José Afonso, en el tinglado del Estado con el que nos organizamos. Nadie deja arder una casa, aunque se puede entender el sentimiento de desamparo con la política estatal pasándose la competencia caliente y las tertulias braseando con primero de autonomía. Los recursos serán siempre ilimitados para enfrentarse a incendios de sexta generación con una carga de energía que supera en decenas de veces la bomba de Hiroshima o se presentan con una capacidad de propagación de 10.000 hectáreas por hora. Dolor por la pérdida de vidas, animales y casas. Vendrán más y convendría aprender a convivir como asume Japón con los terremotos. Los bomberos alemanes y finlandeses ayudan y toman nota.
"La vegetación crece al año hasta seis toneladas por hectárea, una carga de combustible sin precedentes"
“Hay una carga de combustible sin precedentes en la historia de España. Cada año la vegetación crece a una velocidad de entre dos y seis toneladas por hectárea que se van sumando a las 60.000 del año anterior y del anterior, el suelo no es capaz de mantenerla con vida, se seca y está a disposición de arder”. Francisco Castañeda, exdirector de Medio Ambiente de Extremadura, aportó el dato del combustible que produce el abandono del rural en el informativo de Tele 5 la noche del lunes.
En Ourense hay 1.260 aldeas en las que viven entre 1 y 10 vecinos, problema que también padecen las provincias de León y Zamora, desvitalizadas por la despoblación y sin pastoreo que evite que la maleza se adueñe del patio de una casa cerrada. Frente a la política de tierra quemada de Madrid contrasta la postura constructiva de BNG y PSdeG. De las cenizas podría salir un nuevo modelo forestal. Cuando no arda.
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