Manuel Orío
RECORTES
Andalucía pide paso
Todavía me acuerdo cuando no te conocía. Algunas veces, en algunos sueños.
Me acuerdo de muchas cosas de antes de que nos convirtiésemos en estadísticas. Le gustas a tanta gente. Tanta otra te ha dejado de seguir. Aún me acuerdo cuando no te conocía, cuando la ciudad no era invisible, los parques eran parques y el cemento era cemento. Cuando me decían “estás muy delgado. Estás muy triste. Estás muy lejos”. Las fotos estaban saturadas de filtros pasajeros. Buenos Aires, París, Estocolmo. Todavía veíamos la televisión y Chandler contaba chistes a la hora de la siesta. Lo indie era lo indie y el resto era el resto.
Todavía me acuerdo. De fumar en el Charol, de beber Jägermeister antes de ir a dormir. Y dormir 5 horas y bajar al Mundial, al bar, y rezar todo el camino para que todavía no se hubiese terminado la tortilla. Mi hermana estudiando química. Mi madre cuestionando la física, las creencias, poniendo a prueba los límites, rebañando los restos.
Porque, claro, todo lo que no podíamos tener, estaba justo encima de nuestras cabezas
Aún me acuerdo cuando no te conocía y el amor nos engañaba con pequeñas dosis borrosas que rompían las realidades que no supimos gestionar. Levantábamos el móvil al aire, a ver si así se conectaba, como si la cobertura viajase justo por encima de lo que miden de alto los cuerpos estirados. Porque, claro, todo lo que no podíamos tener, estaba justo encima de nuestras cabezas.
El cielo, la revolución.
Pero todavía no te conocía, ni tú a mí supongo. Y sin embargo algo me decía que estaba por suceder. Me lo decían los estribillos de las canciones, me lo decían los quejidos silenciosos en los huecos vacíos que tienen las conversaciones. Lo dijo mi madre aquel domingo, después del churrasco, que recuperó un hijo, el que no tenía cuando todavía no te conocía.
Y recuerdo las prisas y la manera agitada de las calles al vivir. “¿Qué hora es? Qué más da” y otro sitio más. Y otra noche menos. Color Azabache. Sabor Latino. Que los días importaban poco, como las monedas de cobre que te dan en el supermercado, como las listas de lo mejor del año. Como los suplementos de verano.
Aún me acuerdo cuando no te conocía, con la felicidad comedida pero siendo feliz, porque fui feliz, a mí manera, con mi tonta sensación de libertad. Con la vergüenza ingenua del que dirán, que digan lo que quieran, que ya me da igual. Que podrán juzgar todo de cuando no te conocía. Da lo mismo, nunca entenderán que volví a ser yo cuando te conocí, que no me conocieron. Que aquel no era yo. Que antes de conocerte no entendía las siglas que ahora defiendo. Ni comía garbanzos. Ni media el tiempo de dos maneras: contigo y sin ti.
Aún me acuerdo cuando no te conocía, la vida era tan distinta…
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