Ángel Mario Carreño
REFLEXIONES DE UN NONAGENARIO
La inteligencia artificial
No hace falta ser un aprendiz de adivino, o un becario de primer curso de profecías, para intuir que, tras el invierno más lluvioso en España de este siglo, es bastante probable que nos visite uno de esos veranos secos, pero de una sequedad exenta de misericordia.
Lo más positivo, hasta ahora, es que más de la mitad de los pantanos del país están al 85%. Lo negativo es que viene, de nuevo, otro periodo de copiosas lluvias, que obligarán a aliviar la capacidad de agua embalsada para evitar reventones catastróficos. He intentado saber qué se está haciendo en los municipios, diputaciones provinciales, comunidades autónomas y ministerio de Medio Ambiente, y tengo la decepcionante impresión de que no se está preparando ningún tipo de acción preventiva.
Este verdor, en dos, tres meses, será estopa de color castaño, y el prólogo de un rosario de hogueras que costarán vidas de bomberos, guardias rurales, y civiles que viven por allí o les ha pillado de paso.
Los políticos salen poco al monte. Son más de despacho, restaurantes, mítines en poblaciones urbanas, o ponerse un casco en la cabeza para informar que, en un secarral, se van a construir unas viviendas, cuyos planos se supone que ya están hechos. Lo de ir al monte no les va, porque en los montes no hay cámaras, ni fotógrafos, ni periodistas, y los pinos -al menos por ahora- no tienen derecho a voto. Sin embargo, hay un sector de españoles, que les gusta salir de la ciudad, y perderse por la ladera de una colina o por los vericuetos de una pequeña montaña. Y, allí, han comprobado que debido a las lluvias, y a las escasas horas de sol que hemos disfrutado, las hierbas más humildes están más altas que el más alto de sus nietos, y es que hasta en los páramos más yermos, echas la mirada, y te crees que estás en Suiza.
Este verdor, en dos, tres meses, será estopa de color castaño, y el prólogo de un rosario de hogueras que costarán vidas de bomberos, guardias rurales, y civiles que viven por allí o les ha pillado de paso. ¿Hay alguna iniciativa para evitar que España sea la gran hoguera de Europa este verano? No veo mucha preocupación. Puede que, en el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico -¿qué cursi amante del barroco le puso ese nombre?- estén diseñando los carteles de “No a los incendios”. Luego, se repartirán por las autonomías, y ya está. En cuanto las llamas vean lo de “No a los incendios”, se apagarán solas. Y todos los miembros de la UME, por primera vez desde su fundación, podrán tener vacaciones.
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