Daniel Montero
SUEÑOS DE OLIMPIA
No al Mundial 2030, y menos con Marruecos
SUEÑOS DE OLIMPIA
Imaginen que en 1939 Polonia tuviese que organizar un Mundial de fútbol compartiendo sede con sus dos invasoras, la Alemania nacionalsocialista y la URSS.
Imagen que Ucrania tuviese que hacerlo hoy con Rusia, o Palestina con Israel. (Hermoso sería si estuviesen en paz, claro).
Pues esta surrealista situación, sucede hoy en España con Marruecos. Tras la segunda ‘Marcha Verde’ sufrida en Ceuta el pasado 30 de julio. Teledirigida por el dictador Mohamed VI -ver la primera, a la derecha- y aceptada por el sociópata de Moncloa. Bien por soborno o por amenaza. No hay más explicación.
Todos los medios de comunicación repitieron durante el pasado Mundial hasta la saciedad -y con razón- que la FIFA es una mafia. No se entiende entonces porqué estamos entusiasmados con que esta mafia nos extorsione hasta 2030. Nos imponga normas draconianas y deje el país como un solar, saqueado por cuatreros.
No a la mafia de la FIFA. No al Mundial 2030. Y nunca con la dictadura que, aún hoy, nos invade.
España tiene problemas acuciantes: vivienda, seguridad, empleo, sanidad, pensiones… que demandan nuestro presupuesto, en lugar de esta fiesta monumental con factura infinita, que Rubiales y el trilero de Moncloa nos colocaron con calzador.
El presidente profundamente enamorado de su mujer debería explicar porqué pactamos con esta mafia. Porqué incluyó a Marruecos en la organización, sin entonces conocimiento de la FIFA ni de Portugal. Porqué financiamos el 25 por ciento de su presupuesto y porqué nos arrodillamos ante una dictadura con valores opuestos a los nuestros. Aliada de nuestra “enemiga” Israel y denigrante hacia nuestra “amiga” Palestina.
No a la mafia de la FIFA. No al Mundial 2030. Y nunca con la dictadura que, aún hoy, nos invade.
El mismo día de la invasión marroquí de Ceuta -30 de julio, ‘Día del Trono’- el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, visitó al rey dictador Mohamed VI. Casualmente, la celebración regia se desarrolló a 23 kilómetros de Ceuta, en Mdiq (Tánger).
Oficialmente, fue una reunión de cortesía por los preparativos del Mundial 2030. En realidad, la FIFA afrontará unas elecciones en marzo de 2027 e Infantino busca apoyos con desesperación, asediado por varios escándalos.
El primero, la revelación de una amante, a la que ascendió en la entidad mientras fue cariñosa, cuyo despido costó a la federación unos 200.000 euros para comprar su silencio.
El segundo, un proyecto de venta del 20 por ciento de los derechos del Mundial a fondos de inversión privados, cercanos a Donald Trump. Precisamente, los favoritismos a Estados Unidos y a países amigos provocaron la rebelión de la UEFA.
El tercero, la demanda del expresidente de la UEFA Michel Platini, a quien Infantino acuchilló en la carrera para suceder a Blatter. Platini le acusa ahora en un juzgado francés de “corrupción” y “amaño de pruebas falsas” para apartarlo de aquel proceso.
El Congreso de la FIFA de 2027 se desarrollará, casualidad, en Marruecos. Infantino necesita 106 votos de los 211 integrantes para repetir. Perdida Europa, centrará sus “esfuerzos” en las delegaciones africanas y sudamericanas.
El voto y la gran influencia marroquí tienen un precio. La sede final del Mundial 2030, en el tan gigantesco como ruinoso estadio de Casablanca.
Infantino hará todas las genuflexiones necesarias para seguir en el poder. Da igual lo antes prometido a España. Es el Pedro Sánchez del fútbol mundial.
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