Mientras no pase de popa

TRIBUNA

Publicado: 28 jul 2025 - 05:10
Opinión en La Región | La Región
Opinión en La Región | La Región

Existen escenas literarias más enriquecedoras sobre la condición humana que cualquier sesudo tratado filosófico. En “Los premios”(Julio Cortázar, 1960), un pasajero llamado Trejo se preocupa por si alguien a bordo de su barco pudiera tener tifus. El Dr. Restelli, con su seguridad de clase y su superioridad profesional, le responde sin inmutarse: - “Sí, pero está en la popa, entre la tripulación, no pasa nada” -.

La infección, mientras no se disemine de popa a proa, no merece la alarma. Es la misma lógica que nos lleva a ignorar la pobreza mientras no golpea nuestras puertas, a despreciar la tuberculosis si se restringe al gueto miserable, a relativizar las muertes en Gaza, el Congo o en Ucrania, porque suceden demasiado lejos.

Y la conversación prosigue, como si nada se hubiera dicho, como si la infección fuera un asunto administrativo, una pequeña molestia que atañe solo a los de la sentina. Un diálogo exiguo que contiene un mundo entero. Porque, en el fondo, lo queel Dr. Restelli advierte es que el peligro no importa si afecta solo a los otros, a los pasajeros sin nombre y sin rostro, a los que trajinan en la sala de máquinas y duermen en maltrechas literas. La infección, mientras no se disemine de popa a proa, no merece la alarma. Es la misma lógica que nos lleva a ignorar la pobreza mientras no golpea nuestras puertas, a despreciar la tuberculosis si se restringe al gueto miserable, a relativizar las muertes en Gaza, el Congo o en Ucrania, porque suceden demasiado lejos.

El no pasa nada del Dr. Restelli significa en realidad no me ocurre a mí. Todo controlado. Cortázar era un maestro en desnudarnos. El Malcolm, el navío de esta novela, representa un microcosmos social, con sus compartimentos estancos, filtrando el lujo de la miseria, con un cuaderno de bitácora que nadie comprende y un desconocido destino. La popa y la proa están divididas por más que un simple pasillo. Allí el tifus no es solamente una bacteria; es el recordatorio de que la enfermedad, la miseria o la injusticia existen aunque no podamos verlas. El problema no es la dolencia, sino la indiferencia. Es la sensación de creer que lo ajeno no puede afectarnos, que la suerte nos inmuniza para siempre. Continuamos escuchando el mismo argumento en boca de quienes deciden: no pasa nada si las colas del hambre se forman en los barrios marginales, si la violencia sucede al otro lado del océano, si la inflación golpea solo a los más necesitados.

Mientras no se encarame a primera clase, el germen puede seguir aniquilando a los de abajo. Permanecemos convencidos de que el mundo se reparte entre los que importan y los que estorban. Sostiene Aloysius que Cortázar escribió su libro hace décadas, pero que el Dr. Restelli y el Sr. Trejo continúan a bordo. Viajen con nosotros, si quieren gozar. Su buque navega hacia un destino incierto, con los pasajeros charlando animadamente sobre cubierta y la tripulación febril en la popa. Porque mientras sigamos pensando que nada pasa, y que el problema es distante, la proa no enfilará hacia el futuro. Y al final, lo más contagioso es la indolencia. Y su escabechina absoluta.

Contenido patrocinado

stats