Mariluz Villar
MUJERES
Sobre fantasmas
Stewart Cheifet falleció el 28 de diciembre de 2024. Tenía 87 años. Si no sabes quién era no es culpa tuya: trabajaba en televisión pública americana y su programa nunca llegó a nuestras pantallas. Pero si hubiera que elegir a una sola persona que haya explicado la tecnología con más claridad y honestidad en los últimos cuarenta años, ese nombre sería el suyo.
“The Computer Chronicles” fue su programa durante casi veinte años. Un espacio semanal que documentó la revolución de los ordenadores personales desde los primeros modelos que podías comprar en una tienda hasta los primeros navegadores de internet. No era un programa de gadgets ni de novedades. Era periodismo serio sobre ideas y sus consecuencias: qué significa que una máquina pueda procesar texto, qué cambia cuando los ordenadores se conectan entre sí, qué estamos construyendo colectivamente sin darnos bien cuenta.
En el mundo hispanohablante nunca existió nada parecido. La tecnología llegó a nuestras pantallas intercalada entre entretenimiento, protagonizada por divulgadores entusiastas con más energía que rigor. Nunca en la forma de alguien que explicara con calma y sin condescendencia qué implicaciones reales tenían los cambios que estábamos viviendo. Esa ausencia no es inocua: generaciones enteras han navegado la revolución digital sin que nadie les ayudara a entender, de manera sistemática y honesta, qué estaba ocurriendo.
Ver hoy el episodio de “The Computer Chronicles” sobre inteligencia artificial rodado en 1984 produce una sensación extraña. Los sistemas expertos de entonces eran presentados como el horizonte máximo de lo que una máquina podría llegar a hacer.
Ver hoy el episodio de “The Computer Chronicles” sobre inteligencia artificial rodado en 1984 produce una sensación extraña. Los sistemas expertos de entonces eran presentados como el horizonte máximo de lo que una máquina podría llegar a hacer. Cuarenta años después, los modelos de lenguaje hacen cosas que en 1984 habrían parecido ciencia ficción. Y sin embargo siguen cometiendo errores que ningún profesional humano cometería. Algunas cosas han cambiado radicalmente. Otras, mucho menos de lo que parece.
Lo que Cheifet entendió antes que nadie es que explicar bien la tecnología no es un lujo cultural. Es lo que permite a los ciudadanos corrientes tomar decisiones informadas sobre las herramientas que transforman su vida. Sin esa explicación, las decisiones siempre las toman otros. Y tenía un talento escaso: sabía hablar de tecnología sin hacer sentir inferior a quien no la conocía. No simplificaba hasta el ridículo ni complicaba para impresionar. Encontraba el nivel exacto donde una persona inteligente sin formación técnica podía seguir el argumento y llevarse algo nuevo.
En Galicia, los faros del litoral no eliminan las tormentas. Solo les dicen a los marineros dónde están en medio de ellas. Cheifet fue eso durante veinte años en inglés. Su desaparición recuerda lo que todavía falta construir en nuestra lengua, y lo difícil que es hacerlo con rigor real. Ese espacio en español, con la misma seriedad y sin condescendencia, sigue siendo una tarea urgente que no puede esperar otros cuarenta años.
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