Rosendo Luis Fernández
Solución o bloqueo
Hay quien me pregunta con cierta sorpresa -y a veces con ironía- cómo es posible que, después de tantos años de vida profesional y personal, haya decidido afiliarme ahora a un partido político. Como si el compromiso político tuviera fecha de caducidad. Como si implicarse en la vida pública fuera cosa de jóvenes o de quienes buscan hacer carrera.
Mi respuesta es sencilla: precisamente porque ya he vivido mucho, porque he visto cómo funcionan las instituciones por dentro y porque creo que ha llegado el momento de aportar mi pequeño grano de arena para mejorar la sociedad en la que vivimos.
Durante muchos años he servido al Estado con lealtad y discreción. En ese tiempo uno aprende algo fundamental: las instituciones no son abstractas, las instituciones dependen de las personas. Dependen de su valentía, de su honestidad y también de su capacidad para decir “hasta aquí”. Y llega un momento en la vida en que el silencio deja de ser prudencia para convertirse en una forma de resignación. Y yo no quiero resignarme.
No quiero resignarme a ver cómo se debilitan los principios básicos del Estado de derecho. No quiero resignarme a contemplar con normalidad decisiones políticas que rompen la igualdad entre los españoles. No quiero resignarme a una política en la que la supervivencia en el poder parece estar por encima de cualquier otro principio. Por eso di este paso.
Lo di porque me opongo frontalmente a la amnistía política negociada con quienes desafiaron el orden constitucional durante el Referéndum de independencia de Cataluña de 2017. Lo di porque me preocupa profundamente la degradación institucional que supone normalizar pactos con quienes no creen en el proyecto común de España. Y lo di porque creo que la corrupción -venga de donde venga- debe combatirse con determinación y sin relativismos.
Pero afiliarse a un partido no es solo un gesto de protesta. También es una apuesta. Me afilie porque creo que España necesita una alternativa política sólida que defienda la Constitución, la independencia de las instituciones y la igualdad de los ciudadanos ante la ley. Me afilio porque creo en una política que entienda el Estado como un proyecto común y no como una suma de intereses territoriales enfrentados.
También me afilio por una razón que a menudo se olvida: la política necesita experiencia. Durante demasiado tiempo se ha instalado la idea de que quienes han dedicado su vida al servicio público deben retirarse al silencio cuando dejan sus responsabilidades. Yo creo exactamente lo contrario. La experiencia acumulada es un capital que debe ponerse al servicio de la sociedad.
Afiliarse a estas alturas de la vida no es un acto de ambición. Es un acto de responsabilidad. Es decir públicamente: no me gusta lo que está ocurriendo y estoy dispuesto a implicarme para cambiarlo. Porque las democracias no se sostienen solo con votantes cada cuatro años. Se sostienen con ciudadanos comprometidos, con personas que participan, que opinan, que se organizan y que defienden aquello en lo que creen. Y si cada uno de nosotros aporta, aunque sea modestamente, su grano de arena, quizá todavía estemos a tiempo de fortalecer las instituciones y de mejorar la España que dejaremos a quienes vienen detrás.
Eso, y no otra cosa, es lo que me ha llevado a afiliarme al Partido Popular.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Rosendo Luis Fernández
Solución o bloqueo
Roberto González
¿Quién paga?
Ramón Pastrana
LA PUNTILLA
Paz
Luis Carlos de la Peña
CAMPO DO DESAFÍO
Habermas
Lo último
ACUERDO "TRAMPA"
Casi 500 médicos piden un Estatuto Marco propio frente a Sanidad
EL PELIGRO TECNOLÓGICO
Un mal uso de las redes sociales puede causar depresión en menores
LOS TITULARES DE HOY
La portada de La Región de este martes, 17 de marzo