Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
CAMPO DO DESAFÍO
La Academia Sueca de las Ciencias otorga el último de los premios Nobel, el de Economía, instituido desde 1968 por el banco central sueco. En esta edición ha correspondido a Joel Mokyr (79 años), nacido en los Países Bajos, pero con doble nacionalidad norteamericana e israelí. Profesor de la universidad Northwest de Chicago, el premio reconoce sus investigaciones históricas sobre las causas por las que el crecimiento sostenido se ha convertido en la nueva normalidad. Un fenómeno sin precedentes. Está especializado en el período 1750-1914, el siglo XVIII de la Ilustración hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial, límite del siglo XIX “largo”, como lo calificó Hobsbwam. El análisis de Mokyr combina los vínculos entre industrialización, crecimiento económico y bienestar. Ha compartido el premio con Philippe Aghion (París, 69 años), profesor del College de France, el INSEAD o la London School y Peter Howitt (Toronto, 79 años), profesor en la Universidad de Brown y colaborador del anterior. Como tantos otros Nobel de los últimos años, estos dos últimos recibieron con anticipación, en 2020, el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento. El galardón sueco reconoce ahora sus trabajos sobre el crecimiento sostenido bajo las condiciones de la destrucción creativa, concepto elaborado por el fascinante economista austriaco Joseph Schumpeter.
El fenómeno analizado precisa de un entramado micro y macro: de empresas, estructuras de mercado e instituciones abiertas
En los tres ha planeado la idea de la innovación y del progreso tecnológico como motores del crecimiento. En Mokyr para sustanciar el fenómeno sostenido de los dos últimos siglos, un período de desarrollo nunca antes observado en la historia, fruto de una cultura de progreso, que valoró el conocimiento técnico, la experimentación y la difusión libre de ideas. Donde prima la censura, miedo al fracaso o el desprecio por el saber técnico, la prosperidad no encuentra terreno propicio. En Aghion y Howitt, la Academia sueca valoró el modelo matemático, publicado en 1992, capaz de demostrar el proceso constante de expulsión del mercado de productos y empresas obsoletas, sustituidas por aquellas otras portadoras de creatividad e innovación. El fenómeno analizado precisa de un entramado micro y macro: de empresas, estructuras de mercado e instituciones abiertas.
Es en este punto, donde el Nobel da continuidad al otorgado en 2024 a los análisis de Acemoglu, Johnson y Robinson sobre las causas de la riqueza de unos países o regiones y la pobreza de otras. El conjunto de evidencias reunidas, indican que “el crecimiento económico no se puede dar por supuesto”. La destrucción creativa no es tanto una amenaza al bienestar, como su precondición. El cineasta Woody Allen, en el obituario dedicado a Diane Keaton, ha escrito que “el mundo se redefine constantemente”. El Nobel otorgado a Mokyr, Aghion y Howitt incide en esta premisa, con la innovación como factor decisivo de la misma.
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