Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Fraga y mus en el vagón bar
¡un café solo!
¿Otra noche sin dormir?” La pregunta es el saludo habitual entre las dos. Se conocen desde hace tiempo. “Otra noche, sí”, responde resignada la insomne. No le dan más vueltas. Todo está hablado. Son décadas sin saber lo que es un descanso placentero y poder levantarse con la sensación de haber dormido, de verdad, durante varias horas. Son años con la cabeza a pleno rendimiento en las horas de sueño. Dando vueltas, como si de un centrifugado se tratara, sobre lo que dijo hoy o hace meses, sobre si fue correcto actuar de aquella manera hace diez años o sobre los miedos, raramente reales, que la envuelven y la dejan sin respiración.
La noche es, desde hace tiempo, su gran enemiga. Lo ha intentado todo: meditación, respiración, concentración, hierbas mágicas, ejercicio, drogas legales…En algún momento se instaló una alerta que le impide disfrutar de un sueño reparador, salvo alguna excepción que surge, pero sin instrucciones para poder repetir.
Su amiga la mira de reojo. Sabe que es mejor esperar. La falta de sueño suma dosis de enfados, una irritabilidad agotadora y un cansancio casi permanente que la hace sentirse derrotada ante cualquier actividad cotidiana, por mínima que sea.
No sabe cuándo, cómo ni por qué comenzó este insomnio crónico que la mantiene secuestrada en una neblina mental que nunca consigue despejar del todo.
Al principio fue el primer trabajo, la preocupación de cometer errores, el deseo inducido de tener que ser la mejor, el miedo de un posible despido.”Pasará”, se dijo, “pasará cuando ya me sienta segura”.
Después llegaron los embarazos, las hormonas, los temores, el cambio. “Bueno, serán nueve meses”, pensó. Luego los hijos ya estaban ahí. Por pequeños, por adolescentes, por jóvenes. Por ser sus hijos y ella tener miedos. Pero no durmió durante décadas. “Ahora ya tienen su vida”, se convenció.
Miró a sus padres para asegurarse de que el refugio de sus brazos seguía en pie para descansar. Pero encontró la vulnerabilidad, la dependencia en crecimiento, la necesidad de ser cuidados. Se le encogió la vida. Las noches se mantuvieron inseguras. El cuerpo en alerta constante por si había que levantarse en la noche, por si algún gemido contaba el dolor, por si su nombre sonaba en la madrugada envuelto en la angustia. “Que sea así mucho tiempo”, susurró. Después se fueron entretejiendo los sudores incontrolados, las sensaciones de ahogo y algunos dolores.
Miró hacia su amiga que aún seguía en silencio: “¿Por qué nunca habré podido dormir bien? Mi conciencia siempre ha estado tranquila. Ni he mentido, ni he robado, ni he matado, ni he sido cómplice de malas personas, ni he contribuido al horror de otros. Aun así, no duermo”.
Su amiga se encogió de hombros y contestó suavemente: “Tal vez ese sea el problema, tener conciencia”.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Fraga y mus en el vagón bar
Itxu Díaz
CRÓNICAS DE OTOÑO
Les da lo mismo Juana que su hermana
Arturo Maneiro
PUNTADAS CON HILO
El ático de Ayuso
Isaac Pedrouzo
Yo solo quería un Casio con la calculadora
Lo último
COLABORACIÓN EUROPEA
O CDR Viso analiza con homólogos franceses a ameaza dos lumes
ENTORNOS DIGITALES SEGUROS
La ley para prohibir las redes a menores vuelve al Congreso
LOS TITULARES DE HOY
La portada de La Región de este domingo, 27 de septiembre