A MESA Y MANTELES
El vino blanco y el tinto en Otero Pedrayo y Cunqueiro
Después de hacer el examen de selectividad llega el momento de tomar una decisión importante: ¿qué carrera elijo (dentro de las posibilidades de mi nota frente a las notas de corte)? Y aquí llega mi primer consejo: siempre elegir por vocación y nunca por las expectativas de empleo o salariales de una determinada profesión. Si se estudia una carrera con vocación, es muy posible que brillemos en ella y nos convirtamos en un buen profesional, competente y demandado. Por el contrario, estudiar algo que no te gusta, puede conducir al fracaso y, como mínimo, a terminar siendo un profesional mediocre en ese ámbito.
Y hoy en día, las disciplinas, sobre todo las científico-tecnológicas, pueden cambiar en el mercado de trabajo muy rápido. Una carrera muy demandada en un momento dado por su alta empleabilidad, a los cuatro o cinco años se puede desplomar en el mercado de trabajo. Hace un par de décadas había unos estudios de ingeniería que repetían cada año las notas de corte más altas. De repente, un gran número de estudiantes que los eligieron pensando en su empleabilidad se encontraron con unos de los mayores niveles de desempleo en ingeniería a su salida de la escuela. En unos pocos años el panorama, por diversas circunstancias, había cambiado.
Elige una carrera que te guste. Y eso sí, que te ponga en el camino de la profesión que quieras ejercer. Esto es algo que muchos estudiantes no tienen en cuenta: a muchas profesiones se puede llegar desde muchas carreras, y no todas las carreras tienen la misma capacidad para adaptarse a muchas profesiones. Si tu nota de corte no te da para, en principio, la profesión que quieres desarrollar, busca alternativas. Búscalas dentro del amplio espectro de titulaciones que hoy existen, de carreras afines que, completando la formación con un máster adecuado, a lo mejor te permiten acabar donde quieres.
Y la universidad creo que no está reaccionando a la misma velocidad. Cuando llegó el sunami de los grados de Bolonia, cercenamos a estos estudios de conocimientos básicos en favor de muchas habilidades trasversales y una especialización intensa que hoy se ha convertido en un enemigo de nuestros egresados.
Hay muchos ejemplos, pero uno muy cercano a mi mundo profesional es la Ingeniería Aeroespacial, que suele tener una nota de corte muy alta. Conozco a algunos estudiantes a los que no les daba la nota y se hicieron ingenieros de materiales. Y resulta que el sector aeroespacial en España está muy enfocado al desarrollo y fabricación de materiales. Y ahora trabajan en el sector aeroespacial. Ejemplos parecidos existen en el sector biomédico, al que se puede llegar/entrar desde numerosas carreras, y no siempre la de nota de corte más alta te asegura llegar antes.
Un problema importante hoy es el relativo a las carreras del ámbito científico-técnico: ciencias e ingenierías. La irrupción de la inteligencia artificial ha sido tan vertiginosa que los tiempos de maduración de las tecnologías se han acortado; tanto que, aunque pueda parecer que exagero un poco, a los estudiantes de algunas carreras, en el momento que salen al mercado de trabajo, la mayoría de lo que han estudiado ya se ha quedado obsoleto. Hay miles de “tareas” que hacen “ingenieros junior” que ahora se hacen de forma distinta a cómo les enseñamos en las escuelas.
Y la universidad creo que no está reaccionando a la misma velocidad. Cuando llegó el sunami de los grados de Bolonia, cercenamos a estos estudios de conocimientos básicos en favor de muchas habilidades trasversales y una especialización intensa que hoy se ha convertido en un enemigo de nuestros egresados. Hoy, muchas industrias lo que necesitan son graduados con sólidos conocimientos básicos que les permita adaptarse rápidamente a la tecnología que en ese momento exista, con mucha capacidad para adaptarse a los cambios. En mi opinión, tenemos que volver a más grados generalistas con mucha más formación básica, que den músculo y herramientas para adaptarse rápido a cualquier tecnología a nuestros nuevos graduados. Cuanto más tecnológica sea una empresa, esto es mucho más exagerado. Puestos a elegir, elige siempre carreras que sean más generalistas que especialistas. Porque a lo mejor esa especialidad, cuando acabes la carrera no existe.
Y una regla de oro: si tienes dudas, pregunta. Existen numerosas personas que te pueden ayudar a elegir: profesores, oficinas de orientación (en ayuntamientos, comunidad autónoma), ¡y a veces hasta tus padres!
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