Luis Carlos de la Peña
CAMPO DO DESAFÍO
Oro Claro en Fonseca
A nadie se le escapa que el desbarajuste en curso a nivel mundial no es un tema menor y que, dada su transcendencia e impacto en importantes ámbitos de nuestra existencia, bien merece una reflexión sosegada y compartida. Hablamos, por tanto, entre otras cuestiones, de restricciones al comercio internacional en forma de subidas impulsivas y desaforadas de aranceles, de escasez y encarecimiento de materias primas y recursos energéticos vitales, y con extremo pesar de conflictos bélicos que se suceden generando muerte y devastación, sin respetar los más elementales principios del derecho internacional. Seamos claros pues, a estas alturas del drama, todo parece indicar que el orden mundial que surgió de la II Guerra Mundial no sufre una crisis coyuntural. Abiertamente agoniza detonado por un juego irracional de intereses que todos padecemos, pero que no siempre alcanzamos a denunciar con la firmeza requerida.
No obstante, cualquier desvarío humano, sea cual fuese su magnitud, siempre nos empuja a la búsqueda de una motivación del mismo mínimamente coherente. Y puestos a desentrañar las intimidades y porqués de desatinos como el actual, tendemos a guiarnos por la operatividad metodológica de la conocida navaja de Ockham, según la cual, en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta. Por tanto, no es casualidad que asumamos, y yo el primero, que la manera más fácil de desenmarañar un laberinto complejo no sea explorar las diferentes vías que en un principio nos plantea y la cronología de los hechos nos sugiere, sino abordarlo a partir del final, esto es, conociendo la puerta de salida a la cual desemboca.
Con la mirada puesta en desentrañar las intimidades de la debacle del momento internacional, el pasado viernes celebramos en el Campus Universitario un encuentro
En consecuencia, tratamos de determinar de forma acelerada a quién y en qué medida beneficia un desorden mundial como el provocado de un tiempo a esta parte, convencidos de que este proceder nos ayudará a identificar la causa y los instigadores principales del mismo. Pero, más allá de que la inmediatez de los acontecimientos parezca indicarnos que actores se aprovechan de la coyuntura del momento y quienes pagan la correspondiente factura, lo cierto es que el corto y el largo plazo, por tanto, la táctica y la estrategia, no siempre van de la mano. En especial cuando nos enfrentamos a escenarios dinámicos en los que diferentes jugadores apuran sus cartas y reaccionan ante los movimientos del rival. Es decir, la salida del laberinto (los marcos de la finca, en lenguaje coloquial) puede cambiar de posición progresivamente y no siempre un especulador interesado en detonar un conflicto bélico mayúsculo acaba a la postre viendo satisfechos sus intereses y ganando la partida tal cuál era su intención.
Pues bien, con la mirada puesta en desentrañar las intimidades de la debacle del momento internacional, el pasado viernes celebramos en el Campus Universitario un encuentro que, bajo el título “Geopolítica, geoestrategia y geoeconomía en un mundo global: una visión desde Ourense”, pretendía abordar las cuestiones suscitadas con anterioridad, adoptando un necesario enfoque multidisciplinar. Una iniciativa promovida al unísono por las facultades de Empresariales y Turismo, y Relaciones Internacionales de Ourense que en un nuevo ejercicio de cooperación académica trataban de optimizar esfuerzos y situarse en el centro del debate ciudadano. Por tanto, y con tal motivo, recurrimos al conocimiento y buena disposición de tres ourensanos de excepción, el general Francisco Dacoba, la internacionalista Laura Movilla y el economista David Martínez, que por espacio de hora y media supieron cautivar la atención de una notable concurrencia, conformada en esta ocasión no solo por el habitual público senior, sino también por un buen número de estudiantes universitarios. Sería una temeridad por mi parte tratar de resumir en esta breve nota las profundas y prolijas reflexiones de los ponentes, y la riqueza del debate suscitado, pero no puedo resistirme a la tentación de destacar la encrucijada en que vive Europa, sumida en una injustificable división interna y en un retraso tecnológico que la aleja de las potencias que marcan el devenir mundial. Por tanto, es inmediato concluir que ha llegado la hora de que afrontemos sin vacilar los retos del presente, so pena de que la realidad nos pase irremediablemente por encima.
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