Ocho mil o los que sean

Publicado: 08 may 2025 - 00:06 Actualizado: 09 may 2025 - 04:10
Ilustración de una persona viendo la televisión.
Ilustración de una persona viendo la televisión. | JOSE PAZ

Ocho mil muertos al año por el cambio climático. Fuente: la Fontana di Pedro Sánchez. Podría haber dicho diez mil. O tres millones. Más no, que se traba con las cifras; que si no sabe decir “undécimo” –menudo lío se armó ayer en la tribuna de oradores-, si tiene que contar más de tres millones, le estalla la cabeza. Ocho mil muertos. Ahí queda el Diario de sesiones, para solaz de las generaciones venideras, si es que alguno se toma la molestia de leer los discursos del presidente más (ponga aquí su adjetivo) de la historia de España, un tal Sánchez.

He pasado la noche en vela, como Óscar Puente, tratando de ver de dónde puede salir esa abultada cifra, que el presidente contrapuso a los “cinco muertos” por el apagón; cifra que también se ha inventado. Y al fin creo que he dado con la solución.

La única manera en que el cambio climático podría causar ocho mil fallecidos anuales en nuestro país sería sumando las muertes que provocan los incendios inesperados de los coches eléctricos subvencionados por el Gobierno, a las de los accidentes laborales vinculados a la instalación de enormes molinillos por todas partes, con las de las riadas que causa el desmantelamiento de presas y la prohibición ecológica de limpiar los ríos, más las víctimas de los incendios que provoca no asear los bosques, más los desmayos que producen los discursos de Greta Thumberg en la audiencia sana, con los difuntos durante los apagones que causa la irresponsable política energética sanchista, sin olvidar algún que otro atragantamiento con pajitas de cartón que se disuelven en el café.

Aún así no me salen más de tres mil. De modo que habría que agregar también las víctimas de desnutrición por la renuncia a consumir carne que impulsan con entusiasmo los ministros verderones, con los concienciados fallecidos por congelación tras intentar pasar el invierno sin prender la estufas para salvar el planeta, con los accidentes de circulación derivados de las mil manifestaciones climáticas y sus cortes de tráfico.

Los fallecidos por aplastamiento, que son legión, atrapados bajo la descomunal avalancha de mentiras climáticas que vierte cada semana el calentólogo Pedro Sánchez

Todavía necesitaríamos sumar los golpes de calor de los que obedecen los consejos del Gobierno y apagan el aire acondicionado en pleno agosto, la intoxicación de los que intentan alimentarse de la proteína de los insectos, y los infartos de quienes, con ardor guerrero, tratan de remontar las cuestas pronunciadas que el comando verde ha incluido en las zonas peatonales por bajas emisiones en tantas ciudades de la España socialista.

No podemos olvidar tampoco la infinita cifra de muertos por accidentes en bicicleta sostenible o patinete eléctrico, subvencionados gruesamente por este verde Gobierno, los desangrados al intentar abrir tapones inseparables de sus botellas, los ganaderos y agricultores atacados por animales salvajes, depredadores de los que Sánchez ahora no nos permite defendernos, y la electrocución por manipulación inadecuada de enormes aparatos de almacenamiento de energía renovable doméstica para autoconsumo, igualmente promovido por la banda de la Moncloa.

Y luego están los que han doblado la servilleta como víctimas de las inmensas tasas ambientalistas y multas verdes, los que han fallecido tras recibir el picotazo de un chinche en apartamentos turísticos eco-friendly, los intoxicados por comer tomates cherry cultivados por podemitas en los huertos urbanos de las rotondas de las más sucias ciudades, y los que se han arrojado al vacío como turistas británicos en Magaluf al perder su trabajo, tras el cierre forzoso de alguna industria que el Gobierno considera contaminante.

Los alumnos fallecidos de puro aburrimiento extremo durante las jornadas de formación ambientalista en los colegios, los soñadores que se han dejado los piños contra el suelo al intentar viajar volando con dos inmensas alas para reducir su huella de carbono en la aeronáutica convencional y, por último, los fallecidos por aplastamiento, que son legión, atrapados bajo la descomunal avalancha de mentiras climáticas que vierte cada semana el calentólogo Pedro Sánchez.

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