Arturo Maneiro
PUNTADAS CON HILO
El oficio de aplaudir al presidente
PUNTADAS CON HILO
Hubo un acuerdo unánime de todos los grupos del Congreso, excepto el que apoya al Gobierno: el presidente miente sobre la invasión de Ceuta. Sólo el sector gubernamental aplaudía con fervor cada una de esas mentiras.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su intervención ante los representes del pueblo, insistió en la mentira de que no había recibido ningún informe de los servicios de inteligencia españoles alertando de la invasión de marroquíes a Ceuta. Esa negligencia habría impedido que el Gobierno reaccionase en la frontera. Era mentira, pero los parlamentarios del grupo socialista aplaudieron y aplaudieron. No consta que hubiera un solo reproche a los mandos ni a los ministros con responsabilidad en los servicios de inteligencia, lo cual era una innegable prueba de que en inteligencia no han fallado.
El presidente del Gobierno dijo que tan pronto le ofrecieran pruebas inequívocas de la participación de Marruecos en la invasión de Ceuta igual tomaba alguna medida. Todo ello sin decir quién tenía que ofrecerle esas pruebas. Pero son todas las agencias de inteligencia y policía del Estado, sobre las que él manda, las que le tiene que ofrecer esas evidencias, pero no las pide, no las quiere ver, porque ya están elaboradas, ya están presentadas, y necesita negar la evidencia. Miente abiertamente, pero los parlamentarios socialistas aplauden y aplauden a su líder.
El presidente del Gobierno aseguró que había dado la orden de que se publiquen todos los informes recibidos en esos días alertando sobre la invasión, pero no se pueden publicar todos poque afectan a también a la colaboración de servicios de inteligencia de terceros países. Una oferta de publicación que seguirá el mismo camino que la promesa de explicaciones de Zapatero al juez sobre el origen de las joyas. Pero los diputados socialistas aplaudieron fogosamente.
Pero ese era sólo un pequeño detalle y ellos no podían dejar de aplaudir. Al día siguiente, otro ministro, Nizar Baraka, colega de Oscar Puente en Marruecos, volvió a reafirmar la reivindicación de las dos ciudades. Pero el grupo socialista ya no pudo aplaudir.
El presidente del Gobierno afirmó solemnemente ante el Congreso que los seis policías que estaban en la frontera cuando se produjo la invasión tuvieron que tomar una decisión heroica en segundos sobre frenar con violencia la avalancha o evitar el enfrentamiento, optando por la decisión más humanitaria. La verdad es que los seis policías se retiraron del lugar para preservar su integridad física no por una reflexión estratégica, ya que no tenían equipamiento para enfrentarse a nada ni para frenar nada. Fue otra mentira con tintes sentimentalistas, bulo que enfadó a los propios policías, pero los parlamentarios socialistas aplaudieron con lágrimas en los ojos.
El presidente del Gobierno aseguró, ante los representantes de la soberanía nacional, que había llamado a consultas a la embajadora de Marruecos en Madrid para quejarse de las declaraciones de dos ministros de Mohamed VI, en las que reivindicaban la soberanía sobre Ceuta y Melilla. Grandes aplausos en las bancadas socialistas. Pronto se supo que era también mentira, que la embajadora no estaba en Madrid el día en que la había llamado a consultas, lo cual impedía que pudieran hablar con ella. Pero ese era sólo un pequeño detalle y ellos no podían dejar de aplaudir. Al día siguiente, otro ministro, Nizar Baraka, colega de Oscar Puente en Marruecos, volvió a reafirmar la reivindicación de las dos ciudades. Pero el grupo socialista ya no pudo aplaudir.
El presidente del Gobierno prometió solemnemente que el rey iría a Ceuta en las próximas semanas, de la misma forma que promete la presentación en Cortes del presupuesto del Estado que nunca presenta. Además, le da un tono de épico, señalando que será la primera vez en 20 años, dando a entender que es un mérito personal de Sánchez. Y los diputados socialistas aplauden como si les fuera la vida en ello. Nadie más aplaudió las hazañas de Sánchez en el Congreso de los Diputados. Solo le acusaron de mentir.
Marlaska quiere dar a entender que es el ministro del Interior menos informado de la historia de España. Esa misma condición debería ser un motivo para su cese fulminante. Pero no es así, cuanto más se pone en ridículo más le mantiene Sánchez en su puesto.
No se entera de los informes que hace su Policía Nacional ni los servicios de información de su Guardia Civil sobre los temas más urgentes de España. No le llegan los informes del CNI ni de inteligencia militar porque estos dependen de su odiada Margarita Robles y no quiere saber nada de ella ni de sus informes. Más bien se dedica a desautorizar aquellos que acaban en manos de los medios de comunicación. Esto no es una especulación ni un bulo. Él mismo lo dice con frecuencia oficialmente en sede parlamentaria. Con ello da a entender que sólo está para hacer operaciones políticas al servicio del presidente, aquellas que sirvan para mantener la estabilidad de Sánchez en La Moncloa, como las concesiones a Cataluña o al País Vasco sobre materias de su competencia; operaciones para mantenerlo alejado de los ciudadanos y de sus abucheos en los lugares que tiene que visitar. Para intentar frenar investigaciones que afecten a su presidente… pero ni eso consigue.
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