EL ÁNGULO INVERSO
Alaridos en la plaza
COSAS QUE NO CONVIENEN
1. El momento muerto. Que es en realidad un momento vivo, cuando la vida cambia de dientes y pasamos de una actividad a otra o habitamos un sagrado instante-umbral. Ese pequeño código de silencio debe ser celebrado sin ansiedades ni scroll infinito, templando el momento presente y agradeciendo el estar vivos aquí y ahora.
2. Pensar sin la IA. Esa máquina embustera, que ha robado impunemente los libros y saberes de la humanidad, atrofia el pensamiento de quien la usa, y reduce su voluntad y capacidad crítica mientras se presenta como un esclavito fiel (antes de quedarse con nuestros trabajos).
3. Llegar caminando. Y no consideremos nuestro sagrado bipedismo un regalo excepcional, sino un celebrar la especie todos y cada uno de los días. Nos hemos desperdigado por el mundo a pie (y sin contar los pasos). Caminar no debe ser la excepción, más bien la norma.
4. Cocinar. Que la cebolla se poche lento, que unas gotas de limón corrijan la salsa, que el potaje sea acontecimiento. Hay revolverse como guerrilleros contra los tiempos de la eficiencia y la venenosa alimentación industrial. Fuera las Airfryer y microondas de perdedores. No en mi cocina.
5. Perder la tarde. Liberarse de compromisos y tareas, cerrar las contraventanas de todo prójimo reclamante, decirle no al mundo. Perder la tarde es, en realidad, ganar la tarde.
6. Comprar buen pan. Cuánto desayuno falso sucede ahora mismo. Legiones de frívolos comiendo pan que no es pan, crecido con químicas insanas a partir de cereales procesados que guardan en su código genético alterado nuestro tumor futuro. Reclamemos al panadero honrado y colguemos a los impostores.
7. Hablarse en la mesa. Y atender al otro sin televisiones ni histerias. Que el telefonito espere en su salón aparte, en la oscuridad del bolsillo y nunca sobre el mantel (que ha de ser siempre de algodón blanco). Que sucedan la conversación y la sonrisa. Que fluya lo humano en nosotros.
8. Comprometerse con un libro. Toda lectura es una conversación para la que hay que prepararse y estar dispuesto. Demos lo mejor de nuestro magín, volemos con lo propuesto, sentémonos a la mesa del autor con el día libre y hambre en el espíritu.
9. Llegar un poquito tarde. Y no avisar del desencaje. Que las citas sean una propuesta de encuentro y no una chincheta quirúrgica. Benditos minutos bailantes. Saber esperar y saber llegar, sin histerias ni whatsapps furibundos.
10. No responder de inmediato. Porque nada en esta vida es urgente. Rumiar la respuesta justa con el tiempo justo, pensando en el otro y sin la violencia urgente que nos impone el mal, esto es, las máquinas y las gentes del dinero, que tienen prisa por vivir porque están un poco muertos.
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