Jesús Prieto Guijo
LA OPINIÓN
Ocho medallas y unos pantalones
A MESA Y MANTELES
En Galicia, el minifundio agrícola y también ganadero constituye una realidad que hunde sus raíces en la historia. Las causas del minifundio son múltiples: la presión demográfica, el subaforamiento, la extinción de los mayorazgos y en general la propagación de la doctrina liberal que minó las bases del Antiguo Régimen. Ramón Villares ha constatado la extensión de la pequeña propiedad rústica, que demuestra la “fortaleza histórica del campesinado”. Según esta visión, los campesinos distaron de permanecer quietos e inmóviles, obstinándose, por el contrario, en lograr que la tierra fuera para los que la trabajaban. En el curso de la historia, se opusieron a múltiples formas de extracción de la renta, mantuvieron pleitos antijurisdiccionales y pugnaron para que se les concedieran contratos forales.
La democratización de la pequeña propiedad rústica, que ha quedado cristalizada en el siglo XX, es un hecho que posee algunos aspectos positivos para las condiciones de vida de una gran parte de la población gallega. Ahora bien, es un hecho cierto que, todavía en nuestros días, las explotaciones agrícolas poseen en general un tamaño reducido. Más de la tercera parte de las parcelas censadas (a las que hay que añadir las que son tan exiguas que escapan al control censal) son explotaciones a tiempo parcial que, en general, son utilizadas como fuente complementaria de ingresos.
Expresado de este modo, se podría pensar que la situación es poco satisfactoria y que las condiciones de vida de una gran parte de los gallegos, con vínculos con el campo, deja mucho que desear. Pero creo que es posible enfocar la cuestión bajo un prisma bastante más positivo.
Está demostrado que multitud de familias gallegas (directamente o por mediación de sus parientes) poseen huertas en el medio rural, y en áreas a medio camino entre el campo y la periferia urbana (y a veces también en el interior de las mismas ciudades). Gracias a esto, ha sido posible el autoconsumo de productos hortícolas (a lo que se añade la aportación de las gallinas y, no pocas veces, de un cerdo). Es verdad que este panorama se halla hoy en retroceso, pero todavía mantiene una vigencia significativa. Por cierto que en los barrios periféricos, las huertas y pequeñas leiras se han transformado en solares en los que sus propietarios han construido casas.
Hay que añadir, además, el vino de casa. Son otros los tiempos, pero el minifundio vitivinícola gallego persiste en buena medida. En el año 2001 estas retículas de pequeñas leiras generaba una enorme cantidad de vino, que en buena parte se destinaba al autoconsumo o a la venta irregular generalmente de proximidad, en botellas o depósitos sin identificar o etiquetar. Las cinco denominaciones amparan 8.406 hectáreas, pero Galicia censa alrededor de 30.000 hectáreas de viñedo. Nuestro país produce más vino de mesa que con D.O”.
La D.O. Rías Baixas, la zona más productiva con diferencia, se caracteriza por el minifundio extremo: todavía en nuestros días existen 33.339 explotaciones dedicadas a la viticultura registradas -y no lo están todas- de las cuales el 98,70% son viticultores particulares, es decir, personas físicas, y solo el resto, el 1,30% son entidades jurídicas (empresas, asociaciones u otras instituciones). Es esta la segunda proporción de particulares más elevada de España, sólo por detrás de Cataluña (98,85%). Si, señores, por detrás de la muy próspera Cataluña, por lo que signo de atraso económico no es exactamente. Además, este tejido minifundista ha resultado más positivo de lo que muchos sostienen, puesto que ha permitido la conservación de un proteico material genético en lo que a variedades se refiere, lo que constituye una auténtica riqueza de patrimonio enológico identitario. Para mayor gloria de nuestras enotecas.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Jesús Prieto Guijo
LA OPINIÓN
Ocho medallas y unos pantalones
Carlos Risco
COSAS QUE NO CONVIENEN
Lo que vamos olvidando en nuestra pequeña distopía
Xavier Castro
A MESA Y MANTELES
La fortaleza histórica del campesinado
Jorge Vázquez
SENDA 0011
Lo urgente no grita, pero lo importante susurra
Lo último
Sociedad de Promoción Exterior Principado de Asturias
Bruno López, director general de Asturex: “Exportar requiere paciencia, constancia y músculo económico”
EL LENGUAJE DE LA MODA
El lenguaje secreto del Halftime Show: cómo la ropa contó la verdadera historia