Xabier R. Blanco
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CRÓNICA PERSONAL
Los decretos ómnibus siempre han sido un coladero. Gobiernos precarios en diputados han utilizado esa puerta de atrás para intentar aprobar decretos que la oposición se negaba en rotundo a aprobar; inventaba entonces englobar varios en uno, para ver si así salían adelante los que no era posible aprobar en solitario.
Una maniobra que se ha dado otras veces, pero nunca con la desfachatez, la cara dura, con la del gobierno actual. Además de trampear todavía más que los anteriores, hay que recordar que es el primer Ejecutivo que no ganó las elecciones y por tanto los grupos parlamentarios le aprietan aún más las tuercas: ponen un precio mayor a su respaldo. Los dirigentes vascos y catalanes, siempre al loro, han encontrado una nueva oportunidad para vender caro su apoyo, quieren más competencias. Esta vez ha sido la gestión de la inmigración por parte de los vascos, pero no es la única; unos y otros, vascos y catalanes, están sacando del baúl de los recuerdos otras exigencias que hasta ahora no habían tenido éxito.
Recogíamos el martes el tufo anti PP que desprende la regularización masiva de inmigrantes, al solicitar como único requisito demostrar cinco meses residiendo en España y no tener antecedentes penales significativos. Es obligado regular a centenares de miles de inmigrantes con muchos años de mal vivir en España -mal vivir porque la ilegalidad les impide acceder a derechos ciudadanos- , que además tienen siempre sobre su cabeza el riesgo de ser deportados. Pero es evidente que la decisión se toma en este momento para poner toda clase de obstáculos a que Feijóo pueda llegar a Moncloa.
El decreto va a ser utilizado por Vox, como ha hecho la ultraderecha de todos los países, con el argumento de que los inmigrantes nos amargan la existencia en todos los sentidos. Nunca mencionan que la gran mayoría de ellos solo quieren ganarse la vida trabajando legalmente, y nunca mencionan que los necesitamos. Porque realizan trabajos extremadamente duros que no siempre aceptan otras personas, y además, porque generan riqueza. Sí, generan riqueza cuando son regularizados: cotizan a la seguridad social y pagan impuestos.
Lo inaceptable es que la regularización se haga de tapadillo, en un decreto cajón de sastre, que incluía entre otras iniciativas la subida de pensiones. Sánchez ha montado una operación doble para restar votos al PP: poner de nuevo a Vox como partido de orden frente al poco empeño de Feijoo de defender los derechos de los españoles aceptando más inmigrantes -que según Vox son foco permanente de conflicto- y, segundo, culpar al PP de no defender a los mayores al no revalorizar sus pensiones.
Si no es cierta la acusación a Sánchez de que hace política con las pensiones, tiene fácil demostrarlo: que presente un nuevo decreto que recoja la subida. Un decreto sin “acompañantes”. Como se hizo el año pasado… y el PP apoyó.
Ahora, con varias elecciones autonómicas que se presentan negras para el sanchismo, el presidente solo se mueve buscando un descalabro del PP.
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