Oriente Medio amenaza la economía

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La guerra y las restricciones al tráfico energético por Ormuz elevan el riesgo de inflación, encarecen el transporte y amenazan el crecimiento. Europa necesita prepararse para una crisis prolongada.

Publicado: 18 oct 2026 - 05:10
Oleoducto Este-Oeste, en Arabia Saudí.
Oleoducto Este-Oeste, en Arabia Saudí. | Europa Press

Un año después de la cumbre de paz de Sharm el-Sheikh, Oriente Medio sigue lejos de la paz prometida. El alto el fuego en Gaza permitió liberar rehenes israelíes y presos palestinos y favoreció cierta ayuda humanitaria, pero no resolvió las causas del conflicto. La violencia y la destrucción revelan los límites de una diplomacia que no logra una paz duradera. Sus consecuencias económicas son cada vez más graves. Los enfrentamientos en el estrecho de Ormuz, la guerra en Yemen y las tensiones en Líbano amenazan rutas energéticas esenciales. La incertidumbre encarece el petróleo, el gas, los seguros marítimos y el transporte internacional, incluso sin interrupciones totales del comercio.

La crisis ya erosiona los mecanismos que amortiguaron sus primeros efectos. Las reservas estratégicas, los inventarios comerciales y la moderación de algunas importaciones dieron cierto margen, pero su desgaste aumenta el riesgo de subidas de precios y desabastecimiento. Una apertura parcial de Ormuz, con ataques intermitentes, podría situar el Brent entre 80 y 100 dólares por barril y mantener bajo presión el gas europeo. Pero un bloqueo simultáneo de Ormuz y Bab el-Mandeb elevaría más las cotizaciones. Una escalada contra las instalaciones energéticas regionales agravaría el impacto.

Europa se encuentra entre las economías vulnerables por su dependencia de las importaciones de energía, por lo que la crisis perjudica la industria, alimenta la inflación y frena el crecimiento. España cuenta con ventajas relativas gracias a las renovables y a sus instalaciones de gas natural licuado, pero tampoco puede sustraerse a todo lo que está pasando.

El petróleo, el gas y el transporte marítimo transmiten a la economía mundial los costes de una guerra sin solución cercana

El aumento de los costes energéticos se traslada, por tanto, a la industria, el transporte, el campo y las familias. Complica asimismo las decisiones de los bancos centrales, ya que contener una inflación originada por problemas de oferta puede exigir cautela monetaria cuando la actividad necesita estímulos. El peligro es una combinación de estancamiento económico y precios altos.

La autorización por parte de Trump de operaciones con diésel ruso muestra otra contradicción. Washington mantiene las sanciones contra Moscú, pero admite excepciones para aliviar las tensiones energéticas. La medida puede contener los precios, aunque plantea dudas sobre la presión occidental y sus efectos para Ucrania. A su vez, ni EE UU ni Irán han alcanzado todos sus objetivos. Washington ha golpeado las exportaciones iraníes, pero no ha normalizado el tráfico marítimo. Teherán conserva capacidad para perturbarlo, sin imponer sus condiciones. Ambos prolongan así un desgaste militar y económico cuyos costes se acumulan.

La respuesta europea no puede limitarse a subvenciones coyunturales a los combustibles o las facturas: debe diversificar proveedores, reforzar redes e interconexiones, ampliar el almacenamiento y reducir la dependencia exterior.

En definitiva, la paz sigue siendo la mejor política económica para la región y el mundo. Mientras no exista una salida diplomática verificable, los gobiernos deberán prepararse para una inestabilidad persistente. La pregunta no es solo cuánto subirán el petróleo y el gas, sino cuánto crecimiento y qué niveles de inversión y bienestar se perderán si la guerra se convierte en una condición permanente. Gobierne el PSOE o gobierne el PP. No nos engañemos.

@J_L_Gomez

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