Otoño caliente

Publicado: 26 ago 2025 - 01:55
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La expresión “otoño caliente” proviene del mundo sindical, de aquellos años cuando la llegada de septiembre coincidía con movilizaciones de los trabajadores para la negociación de sus convenios o la consecución de las mejoras laborales del momento. Con el mundo del trabajo pacificado pese a los grandes problemas de precariedad y sueldos bajos, la normalidad laboral solo estará amenazada por la negociación de la propuesta de la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, de activar la reducción de la jornada laboral, a la que se oponen PP, Vox y la CEOE, además de Junts, que ha evidenciado su imbricación con el empresariado catalán al que le rechina la medida. El proyecto de la ministra Trabajo, además, da la medida de como se encuentra el estado de las relaciones en los partidos a la izquierda del PSOE, que también hacen batalla de una reforma favorable a los trabajadores.

Política y judicialmente, el otoño también viene caliente, porque el estado natural de la política española es el de incandescencia, la imposibilidad de alcanzar algún tipo de acuerdo no solo entre los dos grandes partidos pese a las ofertas recurrentes de pactos de Estado ante graves problemas por falta de voluntad política para desencallarlos, sino también entre los propios socios que apoyan al Gobierno o que permitieron la investidura de Pedro Sánchez. Y sobre todo, porque el PP no está dispuesto a abandonar la presión sobre un Gobierno debilitado parlamentariamente que no puede sacar adelante sus principales iniciativas legislativas y debe tratar de aprobarlas por partes, y a quién el compromiso de presentar los Presupuestos Generales del Estado le acabará conduciendo a la melancolía, aunque le servirá de coartada para tratar de mantener el curso de la legislatura.

El resto de los grandes proyectos del gobierno para los próximos meses no pueden generar más enfrentamiento, a pesar de que en algunos caos plantean problemas de coherencia al PP, que los obvia por distintas razones

Con el debate político sin visos de que se vaya a sofocar, el Gobierno ha decidido comenzar el curso político apostatado fuerte con iniciativas que lo van a caldear aún más, con la concreción de las quitas de deuda pública de las comunidades autónomas que, en efecto, beneficia mucho a Cataluña, pero también al resto de comunidades, En este asunto el Gobierno juega a introducir una cuña entre las comunidades autónomas gobernadas por el PP, que se debaten entre la obediencia a Génova, que rechaza la propuesta, y una decisión que beneficia a sus ciudadanos puesto que contarían con más recursos para atender sus servicios sociales.

El resto de los grandes proyectos del gobierno para los próximos meses no pueden generar más enfrentamiento, a pesar de que en algunos caos plantean problemas de coherencia al PP, que los obvia por distintas razones. Teóricamente, por ejemplo, está de acuerdo con algunos aspectos de la reforma de la administración de justicia prevista, como que los fiscales instruyan las causas, pero considera que no es el momento, por la contingencia de que el fiscal general es el investigado Álvaro García Ortiz. Lo mismo ocurre con las medidas para luchar contra la corrupción que el Gobierno aprobará en breve, o la política migratoria que ha endurecido por la presión que recibe de la ultraderecha, El Gobierno no va a encontrar árnica en el PP, que insiste en que está cercado por la corrupción, sus pretendidos socios no se lo van a poner nada fácil, y poco puede esperar de los independentistas catalanes. El flanco judicial para Pedro Sánchez también está en combustión.

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