Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Portero de noche
Se dice, con razón, que la estructura de la población de Vigo se puede verificar comprobando la de la plantilla de Citroën Hispania, en la que el mayor porcentaje de trabajadores de origen ourensano superaba con creces a los del resto de Galicia. Por eso, esta empresa forma parte de su propio referente personal. De ahí que lo que hoy les cuento no es una historia ajena a esta ciudad y provincia.
“Cuando llegué a Vigo no había jefe de prensa y tuvimos que crear el departamento desde cero. Eran los años 70 y la comunicación la hacía la dirección. Nos costó mucho porque la comunicación en una fábrica es muy compleja”
En los tiempos más recientes que recordamos, la política de Comunicación y de Relaciones Públicas de Citroën Hispania dejó momentos memorables para los periodistas especializados en información del motor y un más reducido conjunto de informadores especializados en economía. Bajo la égida de Carlos Gutiérrez Zúmel y Magda Salarich Salverry se constituyó la llamada “Confederación española de Amantes de la Centolla”, sociedad gastronómica que solía celebrar un gran capítulo poco antes de Navidad, tras una visita a la factoría de la Zona Franca y admirar la famosa “cataforesis” que era un sistema de pintar los bajos y proceder a dotar a las carrocerías de un sistema antioxidación. Lo de la centolla era un acto solemne, donde eran investidos los cofrades, a quienes se imponía un medallón, previo a una gran mariscada.
La historia de Citroën Hispania y su papel en el desarrollo industrial de la ciudad de Vigo y sus efectos en toda Galicia, pero de modo especialmente relevante en Ourense, es tan notable que, en 1999, por iniciativa de la Asociación de la Prensa, con motivo de su 90 aniversario fue considerada por el Ayuntamiento la “empresa del siglo”. Pero sobre todo Vigo tiene una deuda de gratitud con Luis Zapatero González, durante muchos años director de la factoría de Balaídos y director general industrial de Citroën, un histórico de la automoción gallega que logró apuntalar la actividad del centro en épocas de intensa crisis como la reconversión industrial y convertirlo en la primera planta de la multinacional francesa y todo un referente mundial. Cientos de familias le deben su estabilidad.
La planta gallega estuvo dirigida siempre por franceses desde su inicio en 1958 hasta 1967, en que se hizo cargo el ingeniero y piloto de aviación militar Juan María Pombo Angulo, que permaneció en el cargo hasta 1974 cuando fue sustituido por Luis Zapatero, quien llevaría las riendas de Balaídos hasta 1984. Entre 1984 y 1986 el centro volvió a manos francesas, hasta que en ese último año Zapatero fue nombrado director general industrial de Citroën en Madrid, con la fábrica de Vigo a su cargo. Carlos Gutiérrez, jefe de comunicación de Citroën y organizador de aquellas veladas de la centolla, en su conferencia con motivo del centenario de la Asociación de la Prensa recordó a Luis Zapatero y lo mucho que Vigo le debe.
Contaba Carlos: “Cuando llegué a Vigo no había jefe de prensa y tuvimos que crear el departamento desde cero. Eran los años 70 y la comunicación la hacía la dirección. Nos costó mucho porque la comunicación en una fábrica es muy compleja”. Realmente, aquella fue una etapa pionera dentro de la Comunicación de Empresa, hoy muy profesionalizada con la incorporación de notables profesionales, como en el caso actual de la sucesora de aquel “Citroën” evocado. Pero lo cierto es que aquella política de comunicación fue un ejemplo para el conjunto del sector de la automoción. Los periodistas que hacíamos información laboral y económica estábamos encantados en esa etapa, sobre todo los veteranos como yo a quienes tocó cubrir las huelgas y los incidentes de 1972. Para pedir información o confirmar una noticia no existía otra fuente en la empresa que la dirección, y era muy complicado que un interlocutor cualificado nos atendiera. De modo que, por lo general, las informaciones se basaban en los propios relatos de los sindicatos, muy activos y combativos dentro de la empresa. Pero eso cambió en la medida que Citroën desarrolló una política de comunicación muy efectiva hacia los medios y esa buena relación cristalizó en iniciativas como los “Amigos de la centolla” que se materializaba en reuniones entre los responsables de aquella y los periodistas del motor y de información económica, sector al que yo pertenecía en aquellos años 80.
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