Ourense no tempo | El Cardenal

OPINIÓN

Foto de archivo de don Fernando Quiroga Palacios
Foto de archivo de don Fernando Quiroga Palacios | Rafael A. Salgado

De don Fernando Quiroga Palacios lo fácil es contar sus andanzas hasta llegar a ser nombrado cardenal, y la alta consideración que de él se tenía en la mayoría de estamentos. Sólo recordar, por ejemplo, que fue nombrado académico de honor de la Real Academia Galega. A él se debe la introducción del gallego en la liturgia. Sin embargo, a mí lo que me apetece recuperar es la otra historia, la que cuenta que, cuando se decidió que estudiaría en el seminario, hubo que buscar una solución para su estancia y manutención en la ciudad (huérfano de madre desde los dos años, su padre excabo de la guardia civil y maestro en ejercicio en aquellos momentos, a duras penas sacaba a sus otros cuatro hijos adelante). Fue así como la tía Laureana lo acogió en su casa en Ourense. Desde el principio se creó una relación casi familiar que permaneció en el tiempo, a pesar de ir ascendiendo en el escalafón. Sacerdote, párroco, obispo, arzobispo, cardenal no dejó nunca de visitar a “su familia” en los veranos de Loñoá (la foto de hoy es de una de esas visitas).

Pero, además de anécdotas familiares, me han contado otras como la de que en más de una ocasión, cuando era párroco de Santo Domingo, algún vecino que no voy a citar hoy, al observar que no salía humo de la chimenea de la casa parroquial, enviaba alguna tartera bien provista para cubrir el hambre del caballero. Lo mejor de todo es que con frecuencia al pasar por delante de su casa, veías algún necesitado saliendo de allí con un pedazo de pan o lo que fuera... En ocasiones, el bocadillo que a el le habían dado,terminaba haciendo feliz a otro más necesitado. El caso es que de aquellas don Fernando más de un día se fue a la cama sin cenar, y sin haber comido…

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