Pablito, ese clásico que fue roquero con Los Cramps

OBITUARIO

Publicado: 31 oct 2026 - 06:12
Pablo García, a la derecha sentado al piano.
Pablo García, a la derecha sentado al piano.

De una familia de diez hermanos de los que dos sobreviven, Pablo García, que mucho nos hacía recordar lo de García del Villar por su padre eminente médico entre los 40 y los 70 del pasado siglo, se nos fue insensiblemente en el silencio de su casi retiro.

Con Pablo, allá por nuestros mozos años, compartí aquellos guateques en los que él siempre aportaba lo último de la música rock que empezaba a sonar y a imponerse como moda importada de los USA, de lo que también recuerdo cuando Pepe Posada, que pasaba escolares vacaciones aprendiendo inglés en el país norteamericano, traía consigo los últimos hits de lo que por allá se cocía.

Veinteañero, Pablo formó en la banda de rock Los Cramps, allá por los 60 del pasado siglo. Grupo en el que formaron Ramón, Pochi, a la batería; Grela Bertoret y Alfonso Freán, guitarras eléctricas, y Pablo tecleando el piano, mientras alternaba con sus estudios de Periodismo. Estos cuatro jovenzuelos cogieron tal fama en su día que de teloneros del Dúo Dinámico de gira por Galicia pasaron a formar en su elenco provisional. Actuaron en varias emisoras, en las mejores salas gallegas, tocaron en nuestra sala Auria y en la portátil plaza de toros que se montaba por las fiestas del Corpus, y cuando prometían una gran proyección, en esos comienzos de década, la mili obligatoria de Grela dejó al grupo cojo y en tan precaria situación que llevaría a la disolución. Constancia queda de ellos en esta simpática foto cedida por Daniel Bouzo.

Su pasión por la música del momento, que continuaría toda su vida, no le impidió sumergirse en el mundo de la música clásica llenando su casa de grandes colecciones de long plays de vinilo, como debe ser para todo coleccionista que se precie.

Pasó su vida laboral en las oficinas bancarias de esta ciudad, y era, cuando la salud se lo permitía, asistente fiel de conciertos de música clásica, y de otros eventos artísticos. Cercano en el trato era tanto lo que tenía que comunicar que más exponía, en sus encuentros con esos amigos de siempre, que oía, lo que resultaba natural para quien tanto creía que comunicar debía.

Con Pablo se nos va ese amigo de toda la vida, aquel que de hábito pausado, como quien se toma la vida con calma, paseaba por el Parque de San Lázaro o sus inmediaciones, sumido casi siempre en sus pensamientos, tarareando para sus adentros esos sones de los clásicos de siempre que él divulgó entre algunos de sus próximos que de modo altruista recibieron unas como domésticas lecciones de la música clásica de grandes compositores, como si influido por su tia Purita, profesora de piano, de donde la afición le vino, y su otra más que afición, la lengua latina de la que conocedor y traductor de sus clásicos escritores

Ojalá, Pablito, (que más conocido por este apelativo, cariñoso por proximidad) te halles en ese universo en el que siempre fuiste un peripatético y melancólico soñador.

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