El pacifismo de Sánchez

Publicado: 31 mar 2026 - 04:50
Opinión en La Región
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De acuerdo con el pacifismo de Sánchez. Lo malo es el sermón. No viene cargado de principios morales sino de interés. Interés electoral, se entiende. O sea, un sermón oportunista. No tiene mérito el hecho de que un pacifista trabaje por la paz en un ejercicio de pura coherencia. Una virtud que no adorna al todavía presidente del Gobierno.

Todas las precauciones sean pocas a la hora de valorar el grito del “no a la guerra” en la carta de Sánchez a los militantes socialistas, sus declaraciones al The Wall Street Journal o el veto al uso norteamericano de las bases de Morón y Rota para atacar Irán.

Esos gestos pacifistas van indefectiblemente acompañados de referencias al principal partido de la oposición, el PP, como si fuera la némesis del lema central (“Sí a la guerra”). Eso nos da una pista suplementaria sobre el sesgo utilitario del mismo, porque nadie en su sano juicio endosaría a Feijóo y sus votantes semejante querencia belicista.

Esa es una de las trampas del pacifismo de Sánchez. Pero la principal nos remite a su exhibicionismo en la explotación de un sentimiento colectivo perfectamente sintonizado con el universal y generalizado “no a la guerra”. El de cualquier persona bien nacida. No incluyo a ninguno de los tiranos que, hoy por hoy, han convertido la lógica del matón (la ley del más fuerte) en la razón del poder a escala nacional e internacional.

La buena intención de contagiar su pacifismo se subordina a la de mejorar su cotización en las encuestas

En resumen, un pacifista es el que se confiesa partidario de la paz y hace cosas para evitar la guerra. Vale. Es lo coherente. Pero no puede reclamar el aplauso por hacer lo que tiene que hacer como pacifista convicto y confeso. No basta para llevarlo al santoral.

Aplaudir al pacifista por ejercer de pacifista es como premiar al churrero por vender churros, o al católico por ir a misa ¿Qué sentido tiene elogiar la coherencia del antitaurino que no asiste a las corridas de toros, la de un cocinero por cocinar, la de un apostador que apuesta o la de un madrugador que madruga?

Sánchez presume de ser más pacifista que nadie. Pero la buena intención de contagiar su pacifismo se subordina a la de mejorar su cotización en las encuestas, sabiendo que la inmensa mayoría de los ciudadanos son pacifistas porque así vienen de fábrica, no porque convenga o no convenga serlo y parecerlo en un momento y un lugar determinados.

Por todo eso me sentí reconfortado con un desahogo verbal de Ignasi Guardans, “entristecido al ver a tantísima gente aplaudir a Pedro Sánchez por decir verdades tan obvias”.

Cierto. ¿Qué tiene de heroico ser pacifista y declararse contrario a las guerras “y a los canallas que las hacen”?

(Julio Anguita, in memoriam).

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