Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acudió el domingo a los focos de los graves incendios en Galicia y Castilla y León donde realizó dos propuestas, una operativa para el despliegue de medio millar de militares más para ayudar a combatir los fuegos; y otra política, el ofrecimiento de un pacto de Estado contra la emergencia climática como causante de la devastación de decenas de miles de hectáreas en una tragedia que no tenía parangón con los daos disponibles hasta la fecha.
Se podrá debatir una vez más sobre quién tiene las competencias para hacer frente en primera instancias a unos sucesos que son previsibles en unas magnitudes habituales, aunque la falta de adecuacion de las medidas preentivas y de las inversiones necesarias provoquen que cuando superan unos límites todos los medios inicialmente dispuetos se queden pequeños. Para quien se ve afectado por las consecuencias de los incendios y pierden casa y hacienda, siempre predominará la sensación de soledad y la ineficacia de las administraciones públicas que no les han socorrido cuando lo necesitaban. Pero que desde los responsables políticos se pidan recursos que no se pueden activar, como la intervención del Ejercito, más allá de la Unidad Militar de Emergencias, más que una cuestión de desconocimiento es tratar de hacer trampas en el solitario y así lo ha hecho saber la ministra de Defensa, Margarita Robles.
La propuesta de Pedro Sánchez de plantear un pacto de Estado sobre la emergencia climática es sin duda una buena medida, pero sabe desde antes de proponerlo que no saldrá adelante, aunque de esta forma sitúa en el terreno de la oposición la decisión de aceptarlo o rebatirlo
Parece que se trata de pedir por elevación para diluir responsabilidades. Y si es cierto que Sánchez ha tardado mucho en presentarse en el foco de los incendios tampoco lo es menos que desde las comunidades autónomas se ha tardado en solicitar, sí solicitar, la ayuda del Gobierno porque resulta un desdoro reconocer la incapacidad para resolver un problema sea cual sea su magnitud. En fin, llueve sobre mojado en una cuestión que ocupa parte del debate político desde la dana de Valencia y que se acentuará a partir de ahora.
La propuesta de Pedro Sánchez de plantear un pacto de Estado sobre la emergencia climática es sin duda una buena medida, pero sabe desde antes de proponerlo que no saldrá adelante, aunque de esta forma sitúa en el terreno de la oposición la decisión de aceptarlo o rebatirlo. Y sabe que no lo van a aceptar, pese a que para su redacción haya aludido a la participación del mundo científico y de todos los sectores afectados. Cierto que los incendios de quinta y sexta generación tiene mucho que ver con causas climatológicas tanto en su inicio como en la dificultad de su extinción, pero no se trata de procurar unas soluciones a muy largo plazo cuando lo que se precisa son medidas de urgencia y a corto plazo para cuando vuelva a suceder una nueva ola de incendios y sea preciso que todas las administraciones tengan engrasada toda la maquinaria de respuestas
Para rechazar el pacto, Alberto Núñez Feijóo podrá esgrimir que desde que se instaló en la dirección del PP ha ofrecido a Sánchez media docena de pactos de Estado a los que el jefe del Ejecutivo ha dado la callada por respuesta. En este caso, además, el líder del PP se encuentra impedido de aceptarlo porque su socio político en muchas de las comunidades autónomas en las que gobierna esta vinculado con los negacionistas del cambio climático de Vox, que le imponen sus prejuicios y su oposición a las políticas ambientalistas europeas, o que culpan a los lobbies ecologistas de la situación del campo. Tampoco hay que olvidar, sin embargo, que en torno al cuidado de los montes existen muchos intereses cruzados que es preciso compaginar y que algunas de las medidas que proponen quienes viven en el medio rural a veces son a veces revolucionarias -por ejemplo, con respecto a la propiedad de quienes no cuidan sus montes- y otras veces regresivas.
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