Julián Pardinas Sanz
Cheque en blanco
CAMPO DO DESAFÍO
Se acepta ya como una quiebra consumada. El ferrocarril en España se ha convertido en un problema ingobernable, no por anunciado, menos expuesto a la fatiga de materiales, obsolescencias varias, climatología solo un poco más adversa de lo habitual y una expectativa de impuntualidades, incidentes y accidentes que emborronan un sector que ha sido marca de país durante algunas décadas. Se habla del trágico Adamuz, de la reiterada pesadilla de Rodalies o el déficit inversor en mantenimiento y, mucho menos, de la conexión entre Ourense y Vigo, o mejor, su desconexión durante días. Sin alternativa de transporte público. Un país al que se le notan demasiado las liviandades estructurales de sus gobiernos a todos los niveles y el gusto por la propaganda y los anuncios bombásticos.
Del ministro Puente a los alcaldes de Ourense y Vigo, con paradas intermedias en las diputaciones respectivas y la Xunta de Galicia, todos miran para otro lado. La autocomplacencia general y el echar las culpas al de enfrente, se ha convertido en la tónica general ante cualquier problema. Se necesitan accidentes de impacto, tragedias y protestas ruidosas que atraigan la atención mediática para que la clase política mueva sus desdentadas ruedas de visitas, dimisiones en segundos niveles, comisiones inocuas de investigación y vuelta a empezar. En asuntos de menor calado, ni eso. La supresión de conexiones ferroviarias entre Ourense y Vigo, sin explicaciones, nos retrotrae a un tiempo de mandamases prepotentes y lejanos y a unos súbditos con la cabeza baja y aguante a prueba de bomba. En esta simplificación de la relación entre gobernantes y gobernados, triunfan quienes sabemos: los heraldos del apocalipsis, las redes sociales ahítas de mala baba y la rampante desesperanza colectiva.
Se necesitan accidentes de impacto, tragedias y protestas ruidosas que atraigan la atención mediática para que la clase política mueva sus desdentadas ruedas de visitas, dimisiones en segundos niveles, comisiones inocuas de investigación y vuelta a empezar.
El país vive una contradicción exasperante. Lo mismo desafiamos a la tecnocasta mundial, inauguramos una planta de semiconductores fotónicos en Vigo o el ministro de Economía, Cuerpo, afirma que Galicia se encuentra con una “ventana de oportunidad” ante el nuevo ciclo económico, que dejamos bloqueada la A-52 por un poco de nieve o, queda dicho, Adif y Renfe echan el cierre a la infraestructura ferroviaria en el sur de la comunidad. El país sigue la pauta desequilibrada y a tirones de oportunidad de aquellos desesperados que buscan salir del atraso a golpes de lotería, más que de un modelo armónico e integrado, planificado e inclusivo.
Un poco de invierno ha desnudado las insuficiencias de nuestras redes de transporte con especial afectación a la mitad sur de Galicia, la mitad de su población y la mitad de su PIB. La aspiración de las autoridades no irá más allá de recuperar la anterior normalidad y seguir exprimiendo los tráficos sobre esta precaria realidad de país. Urge un reseteo general.
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