Itxu Díaz
CRÓNICAS DE INVIERNO
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CAMPO DO DESAFÍO
Se acepta ya como una quiebra consumada. El ferrocarril en España se ha convertido en un problema ingobernable, no por anunciado, menos expuesto a la fatiga de materiales, obsolescencias varias, climatología solo un poco más adversa de lo habitual y una expectativa de impuntualidades, incidentes y accidentes que emborronan un sector que ha sido marca de país durante algunas décadas. Se habla del trágico Adamuz, de la reiterada pesadilla de Rodalies o el déficit inversor en mantenimiento y, mucho menos, de la conexión entre Ourense y Vigo, o mejor, su desconexión durante días. Sin alternativa de transporte público. Un país al que se le notan demasiado las liviandades estructurales de sus gobiernos a todos los niveles y el gusto por la propaganda y los anuncios bombásticos.
Del ministro Puente a los alcaldes de Ourense y Vigo, con paradas intermedias en las diputaciones respectivas y la Xunta de Galicia, todos miran para otro lado. La autocomplacencia general y el echar las culpas al de enfrente, se ha convertido en la tónica general ante cualquier problema. Se necesitan accidentes de impacto, tragedias y protestas ruidosas que atraigan la atención mediática para que la clase política mueva sus desdentadas ruedas de visitas, dimisiones en segundos niveles, comisiones inocuas de investigación y vuelta a empezar. En asuntos de menor calado, ni eso. La supresión de conexiones ferroviarias entre Ourense y Vigo, sin explicaciones, nos retrotrae a un tiempo de mandamases prepotentes y lejanos y a unos súbditos con la cabeza baja y aguante a prueba de bomba. En esta simplificación de la relación entre gobernantes y gobernados, triunfan quienes sabemos: los heraldos del apocalipsis, las redes sociales ahítas de mala baba y la rampante desesperanza colectiva.
Se necesitan accidentes de impacto, tragedias y protestas ruidosas que atraigan la atención mediática para que la clase política mueva sus desdentadas ruedas de visitas, dimisiones en segundos niveles, comisiones inocuas de investigación y vuelta a empezar.
El país vive una contradicción exasperante. Lo mismo desafiamos a la tecnocasta mundial, inauguramos una planta de semiconductores fotónicos en Vigo o el ministro de Economía, Cuerpo, afirma que Galicia se encuentra con una “ventana de oportunidad” ante el nuevo ciclo económico, que dejamos bloqueada la A-52 por un poco de nieve o, queda dicho, Adif y Renfe echan el cierre a la infraestructura ferroviaria en el sur de la comunidad. El país sigue la pauta desequilibrada y a tirones de oportunidad de aquellos desesperados que buscan salir del atraso a golpes de lotería, más que de un modelo armónico e integrado, planificado e inclusivo.
Un poco de invierno ha desnudado las insuficiencias de nuestras redes de transporte con especial afectación a la mitad sur de Galicia, la mitad de su población y la mitad de su PIB. La aspiración de las autoridades no irá más allá de recuperar la anterior normalidad y seguir exprimiendo los tráficos sobre esta precaria realidad de país. Urge un reseteo general.
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