Pilar Cernuda
CRÓNICA PERSONAL
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DEAMBULANDO
Ni miríadas, acaso centenas de pájaros que raramente se ven, emiten sus trinos por estas fechas, cuando adormecidos en la inminencia otoñal y como hibernando en nuestro húmedo invierno que se despiertan en estos primaverales albores inundando con sus trinos nuestros arbolados espacios urbanos, que escasos, salvo en las orillas de nuestros urbanos ríos, Loña, Miño o Barbaña. Invadirán con sus cantos matinales, y por los ocasos, cuando más activos, mientras aun resuenan en nuestros oídos los chillidos estridentes de las milenarias bandadas de estorninos o los solitarios chi, chi de sus parientes los mirlos, o cuando las águilas desde sus posaderos emitan ese sonido que no parecer corresponder a la majestad de unas rapaces diurnas, que las nocturnas, dice Carlos Risco, que se dejan oir allá por donde él hizo morada permanente, sin connotación alguna, le parece, con el mundo de ultratumba, como en el rural medio se las considera como de mal agüero
Despierta el cuco oculto cuando inmisión hace en el bosque atlántico como emigrante con derecho a residencia, sin molestarse en construir un nido porque pondrá sus huevos en cualquiera ajeno. El cu-cu es un mensajero del canto monocorde que se aprovecha de la cerrazón de un bosque caducifolio ya de renovado follaje y hasta de gozoso canto parece este omiso criador de prole. Se aguarda para pronto, si es que exploradoras no hayan arribado por estos lares, a las rulas, rolas o tórtolas, que en vuelo despliegan armoniosas colas. El mirlo saltarín se diferencia en el suelo de su colega en especie el estornino, que de prisa camina, y, además, porque no anda en bandadas depredadoras, aunque ambos comedores, arrasadores los primeros de las tempranas cerezas. Ya no emite sus melodías el ruiseñor, al que dicen rey de los canoros, cuando acaso había que dejar tal título para el mirlo, imitador de muchos trinos de otros congéneres. El palomo bravío, que hinchado parece por llenarse de gramíneas e insectos y descuidado por andar en celo, víctima será del agazapado gato que caza ratones que, exquisito él, jamás comerá y si alados colúmbidos como con cierta frecuencia compruebo.
Herrerillos, carboneros se dejan ver menos que el petirrojo o papo rubio que como la lavandera, a la menor zanja que en el campo hagas, acudirá a tu vera sin temor, cuando huidizos si de improviso surges. El arrendajo no sale de su bosque y por los abiertos predios nunca se dejará ver, este gaio que tanta provisión de bellotas entierra, olvidadizo después. La colorida y encrestada abubilla, cada vez más escasa, surgirá en unos días, reconocible por su ondulado vuelo que preparada no parece para volar esas distancias desde sus cuarteles de invierno permanecerá no más de tres meses por acá. Los jilgueros, de tan escasos cuando antaño casi abundantes, no por ser atrapados por aquellas pegajosas trampas de liga de algunos golfetes del barrio que los vendían para ser aherrojados, aunque lo fuesen en doradas rejas. Los verderones, escasos; el colirrojo tizón, porque parte de su cola negruzca, así como los pinzones de escasa visión como el citado, al revés de las lavanderas comunes que sus primas la boyera, amante de los prados y la cascadeña, de las acuosas corrientes, se las vea menos que a las comunes o blanqui grises, siempre de agitadas colas y como de impaciencia a la búsqueda de alimento.
El gorrión, pardao por acá, ya ni en bandadas como en el pasado siglo donde desde un lejano disparo los perdigones las mataban por docenas para ser embutidas en las empanadas. Contra lo que parezca no se llevaban a una panadería llamada del Pájaro…que denominación tomada de la calle donde situada. Otrora la oropéndola visitaba los maduros cerezos cuando ahora más escasa, años ha sin verla. Cuando todas estas aves dejen de trinar en los caniculares rigores del estío, solamente las bravías palomas seguirán con su ronrroneo.
Esto extraído de propia observación, tanto más motivante cuando te provees de prismáticos o de esas aplicaciones tecnológicas para identificar a nuestras canoras aves, desparramado por el campo con observador espíritu.
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