Pájaros y pájaras

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Existe un interés notable por la ornitología. Seguro que procede de la sabiduría que suponemos se oculta bajo el plumaje precioso de tantas aves. Así decimos “me lo contó un pajarito” para ocultar nuestras fuentes de información. También diremos “vale más pájaro en mano que ciento volando” para dejar claro que es más provechoso un pequeño beneficio inmediato, que un… “lo más seguro es quién sabe”.

Sin meterme en ese mundo volátil de la política, como usted estaba pensando que yo haría, me limitaré a una historia ingenua de la que sacará, supongo, el mayor provecho.

El maestro de novicios era un fraile flaco y con talento. Inició sus clases explicándole con ejemplos de la naturaleza lo que hay en un convento. Le preguntó si había oído hablar del pájaro sombrerero. Le dijo lo poco que había oído sobre eso: que aquí pasaba la primavera, que se iba en el otoño y que decían que era un pájaro gamberro.

Había uno, le dijo el fraile viejo, que vivía en aquel nido del viejo cerezo. Los pequeños pajaritos habían dejado su casa con aquellos ocho huevos, que poco a poco se iban rompiendo y descubriendo el polluelo. Se admiraron los periquitos, al volver al nido, de que uno les esperaba abriendo su boca enorme que se comía todo lo bueno.

El matrimonio plumado observó que aquel último era un pajarote bien feo. Tenía un penacho verde de sombrero, era enorme y el pico lo tenía amarillo y lleno de pelos. Pero lo que es una madre… dijo la pajarita: “sí que es bien espantoso y horrible, pero yo lo quiero”.

Aquellos padres luchaban diariamente por alimentar a sus polluelos, pero aquel pájaro que ya tenía cara de viejo, se papaba las orugas y cuando volvían les quitaba la comida y montaba su festejo. Como todo se acaba, acabada la época de las cerezas, se les acababa la despensa y así se lo dijeron a sus polluelos: “tenéis que ir saliendo del nido a buscar el sustento”.

Así… sin darse cuenta descubrió que era un cuco vividor y parásito que había suplantado con mentiras a uno de los huevos. Reveló que conocía la geografía mejor que ellos.

Tomó la palabra el hijo tan feo y les dijo: “a esta altura aún quedan frutas rojas en la zona del lago de Carucedo”. Así… sin darse cuenta descubrió que era un cuco vividor y parásito que había suplantado con mentiras a uno de los huevos. Reveló que conocía la geografía mejor que ellos.

Lo echaron con cajas destempladas y como estaba tan gordo se rompió la crisma, al caer del nido sobre esa piedra que hoy llaman “la piedra del pájaro sombrerero”.

Así, amigo mío, ocurre en los conventos. Todos no son tan buenos. Los hay parásitos que dicen ser archiveros, mendicantes, limosneros… pero que realmente rezan no lo que dicen sino mucho menos.

Pensó Ajo no ir al convento para librarse de eso. Entonces le dijo el monje que fuera también hay mercaderes, secretarios de los concejos, hombres políticos, mujeres soldaderas, soldados de las cruzadas, jóvenes y viejos… labriegos y clérigos.

Siempre encontrarás gente buena y honesta y también pájaros cucos, parásitos que pretenderán no dar golpe y vivir del cuento.

Hecho ya un monje de convento, el tal Fray Ajo Arriero, famoso ornitólogo, escribió un libro, de los repujados en cuero, que aún puedes encontrar en una Librería de Viejo:” Técnicas para diferenciar los piratas de nidos ajenos de aquellos que son profesionales buenos”.

Por eso, cuando voy a un sitio y me tratan con profesionalidad y esmero, es que… me quito el sombrero.

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