Itxu Díaz
CRÓNICAS DE INVIERNO
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En su inefable, menguado y poco airoso papel de “recadero”, su señoría senatorial y exalcalde, don Jesús Vázquez Abad, “invitaba” con ímpetu inusitado al partido socialista a contestar “con un simple sí o no” a la oferta de sus jefes para formar una coalición que sustituya al “gobierno letal” que ellos mismos colocaron hace dos años en el Concello de Ourense.
La respuesta nunca fue más fácil: No.
Si no sobraran las razones políticas para no aceptar tal propuesta, bastaría para rechazarla el intolerable chantaje al portavoz socialista pidiendo su renuncia a la alcaldía y, una vez aceptada esta, añadiendo la antidemocrática exigencia de que abandone la política como condición previa a cualquier negociación.
Pero es que sobran las razones políticas. Desde que hace 23 meses el PP abrió la etapa más desnortada y friki de la política municipal en Ourense hemos asistido a un rosario de vetos personales, descalificaciones, mala educación, esperpentos plenarios, triquiñuelas, derribo de la cultura, trapacerías, regates al sentido común, burlas a la inteligencia de la gente. Una pastosa mezcolanza que no ha dejado resquicio para dedicar un minuto –uno siquiera en dos años– a un proyecto, a una obra, al arreglo de un parque, a la movilidad ordenada, al urbanismo empantanado, a los servicios sociales descoyuntados… (de un proyecto o una idea general de la ciudad mejor ni hablar, pues pedir peras al olmo es llamar a la melancolía)
Nadie en sus cabales políticas puede considerar serio que quien crea un problema pretenda ser la solución, de manera que con este bagaje de sus dos años de “gobierno letal” cualquier exigencia de los “populares” ourensanos en este sentido parece fuera de todo cauce razonable. Además, conocido el valor y la fiabilidad política de su palabra en el pasado, su único y recurrente argumento de que si ellos participan en un gobierno aseguran su “estabilidad” no es garantía de nada: Ya era “estable” y contaba con “mayoría absoluta” su coalición con DO y vemos en lo que ha quedado. De modo que la “estabilidad” política que ofrece el PP tiene el mismo crédito que sus vetos: si se les acepta uno, ya sabemos que podrán otro, y luego el siguiente.
No comparto ni la gestión política, ni la estrategia negociadora, ni los planteamientos orgánicos de Rafa Villarino que, en todo caso, compete avalar o corregir exclusivamente al Partido Socialista y a su militancia. Pero una vez que ha aceptado la exigencia de dar un “paso al lado” renunciando a ser candidato a la alcaldía para darle una solución al Concello, ya ha puesto de su parte todo lo que debía poner. De manera que ni un paso más.
A estas alturas y descubierta la impostura de sus vetos y sus exigencias, la única postura honorable que le queda al PP es prestar un voto técnico para que gobierne la lista más votada y poner fin al vodevil municipal. Y si no, con su pan se lo coma y ya dirán los ourensanos en 2023 qué opinan de chantajes, de “gobiernos letales” y de extravagancias políticas.
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