José Manuel Torralba
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CAMPO DO DESAFÍO
Recordaba estos días Isabel Coixet los cien años que, en 2026, cumpliría John Berger, el artista, crítico de arte, novelista, ensayista y siempre combativo activista en favor de los más débiles. “Me enseñaste que ver es un acto político”, escribe Coixet y en las innumerables batallas dadas por Berger, quizá ninguna con la intensidad que la ofrecida a los campesinos del mundo: la civilización que desaparece a lo largo del siglo XX después de ocupar y trabajar la tierra durante milenios. “Otros se fatigaron y vosotros os aprovecháis de sus fatigas”, es la cita de San Juan con la que Berger abre su trilogía sobre el mundo rural. Un monumental trabajo, mil páginas, escrito a lo largo de quince años desde una pequeña comunidad campesina de Saboya, en la frontera con Suiza. Desde el inicial “Puerca tierra”, aparecido en 1979, a “Lila y Flag”, de 1990. En medio, en 1983, “Una vez en Europa”. “La escritura –escribirá Berger- se convierte en una lucha por dar significado a la experiencia. No puedo ponerme en sus zapatos, pero sí seguir sus huellas”.
En Galicia, el gran trauma, el abandono definitivo del mundo rural, es ahora materia para la literatura, el cine y, sobre todo, la poesía del gran ciclo de poetas gallegas actuales
Berger cuenta los modos de vida en la montaña, la posterior modernización o desaparición de aquel mundo y, al fin, la tristeza del campesinado desarraigado en la ciudad. Un ciclo culminado ya en Europa y en fase avanzada en Latinoamérica, África o Asia. En Galicia, el paso acelerado de la sociedad agrícola y ganadera a la sociedad urbana, es ya un proceso completado en las décadas centrales del siglo pasado. “Mis hijos no trabajarán la tierra –escribe Berger en ‘Puerca Tierra’-. Quieren tener los fines de semana libres y vacaciones y un horario fijo”. Aunque todo ello pueda acabar en drama, como recuerda este pasado día 28, el periodista Alberto Echaluce en el guipuzcoano Diario Vasco: cuatro trabajadores gallegos pierden la vida cuando trabajaban en un desmonte en Eibar. Se cumplen ahora 70 años.
En Galicia, el gran trauma, no ya de la emigración, un fenómeno habitual desde mediados del siglo XIX, sino el abandono definitivo del mundo rural, es ahora materia para la literatura, el cine y, sobre todo, la poesía del gran ciclo de poetas gallegas actuales. Entre las páginas de los libros de Berger guardo un antiguo relato de Espido Freire, la escritora nacida en Bilbao en 1974, hija de padres gallegos, emigrantes en el País Vasco. “Un paraíso perdido” se titula: “No pertenecíamos a la tierra en la que habíamos nacido; ni siquiera al tiempo que nos vio crecer”. En Galicia, quizá nadie como Otero Pedrayo percibió y lamentó la irreversible transformación de la tradicional sociedad agraria. El recelo del campesino con respecto al “progreso”, concluye Berger, no está tan fuera de lugar ni es tan infundado.
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