Fermín Bocos
Los que podrían parar a Sánchez
La Constitución española no reconoce otra Nación que la española. Consignada como tal y con mayúscula así se proclama en el Artículo 2. En el mismo artículo, al tiempo que se reconoce el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran, se garantiza la solidaridad entre todas ellas. De ahí el malestar, en algunos casos doblado de indignación, generado tras el pacto para aplicar un nuevo sistema de financiación que reportará a Cataluña 4.700 millones más. Pacto acordado por Pedro Sánchez con Oriol Junqueras, líder de ERC, un político inhabilitado por malversación por su participación en el intento de golpe de Estado del “procés”.
Pedro Sánchez ya ha cruzado esa línea roja y sigue contando con el apoyo y en este caso el silencio de la veintena de diputados castellano-manchegos que se sientan en el Congreso.
La razón de dicho pacto no es otra que comprar el apoyo de este partido separatista para lo que resta de legislatura, vista la precariedad parlamentaria del PSOE. Dicho pacto ha sido rechazado por los presidentes de las once comunidades autónomas gobernadas por el PP. Y también con retórica firmeza por el socialista Emiliano García-Page. Para el presidente de Castilla-La Mancha dicho pacto supone cruzar la línea roja de la igualdad entre las comunidades autónomas, lo que sería “el mayor quebranto a la ideología del Partido Socialista en toda su historia”. Al rematar esta conclusión diciendo que tendría que “volver a nacer” para consentir el principio de ordinalidad -se queda más el que más tiene- ha transmitido la imagen de su impotencia puesto que entre otras -la amnistía, los indultos- Pedro Sánchez ya ha cruzado esa línea roja y sigue contando con el apoyo y en este caso el silencio de la veintena de diputados castellano-manchegos que se sientan en el Congreso. Diputados que cabe pensar conocen que nuestra Constitución en otro de sus artículos (Art. 138.2) establece que las diferencias entre los Estatutos de las diferentes Comunidades Autónomas “no podrán implicar, en ningún caso, privilegios económicos o sociales”.
Llegados a este punto cabría preguntar si, más allá de la sinceridad con la que parece criticar la deriva política emprendida por Pedro Sánchez, Emiliano García-Page piensa hacer algo para convencer a los diputados regionales de su partido para que recuperen la palabra y -tal y como él exige- apoyen la convocatoria de elecciones. Ellos podrían parar a Sánchez. Para que hable el pueblo, no los voceros complacientes con los separatistas y su valedor atrincherado en la Moncloa
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