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Jesús Prieto

Un partido que jugamos todos

Publicado: 20 oct 2024 - 03:00

Si trazamos una lista de deportistas que han superado un cáncer puede que todos, o la gran mayoría de los nombres que recordemos sean masculinos: Lance Armstrong, Eric Abidal, José Francisco Molina, Lubo Penev, Alonzo Mourning, Carlos Roa, Arjen Robben… No es más que otro ejemplo de que el inmenso altavoz que posee el deporte está desequilibrado pero, mientras muchos intentamos corregirlo, conviene recordar otras historias felices protagonizadas por mujeres.

El partido más importante de Martina Navratilova no ha sido ninguno de sus 59 Grand Slams. En 2010, se le detectó un cáncer de mama. Un diagnóstico que se repitió en 2023, acompañado de otro de garganta. Durante la enfermedad, agotada por el tratamiento, hacía yoga. Hoy, totalmente recuperada, sigue practicando tenis y esquí.

Un mes antes de los Juegos de Londres, Novlene Williams-Mills recibía la noticia de su cáncer de mama. Decidió mantenerlo en secreto. Ganó un bronce en los relevos y regresó ipso facto para pasar por quirófano. Se sometió a una doble masectomía. En 2016 volvió a los Juegos y ganó una plata.

Una vida activa y saludable ayuda no solo a prevenir el cáncer, sino también a mejorar la supervivencia de quienes lo padecen

Edna Campbell fue campeona del mundo de baloncesto en 1998. En 2002 se le detectó cáncer de mama. A pesar del diagnóstico siguió jugando con su equipo mientras recibía el tratamiento. Se retiró en 2006 dejando para la historia uno de los momentos más inspiradores de la WNBA.

Chaunté Lowe ganó un bronce en salto de altura en los Juegos de Pekín. En 2019 le diagnosticaron cáncer de mama. Tras una masectomía doble y cinco meses de quimio, superó la enfermedad y volvió a las pistas. En Tokio participó en sus quintos Juegos.

La incredulidad de cómo puede entrar el cáncer en un cuerpo sano que no bebe, no fuma, hace ejercicio diario y come de manera equilibrada, es común en todos sus testimonios. Pero esos hábitos se convierten también en una garantía de éxito. Una vida activa y saludable ayuda no solo a prevenir el cáncer, sino también a mejorar la supervivencia de quienes lo padecen. Y no solo por los evidentes beneficios físicos, sino por tener la cabeza centrada en una meta.

Desgraciadamente, a veces, no es suficiente.

El cáncer de mama es cacareado el 19 de octubre, donde todo se cubre de un vaporoso y efímero manto rosa. Pero esto no es Halloween, el Black Friday o los Días de Oro del Corte Inglés. Afecta a una de cada ocho mujeres, siendo el más diagnosticado y la principal causa de mortalidad. Es paradójico ver como las situaciones que nos tocan tan de frente, se restringen a una oferta de 24 horas en la que presumir solidaridad. Ocurre con todo lo que no es propio de la virilidad como el orgullo o el día de la mujer. En la reivindicación finita de estos asuntos, zumban los alaridos desde las cavernas que reclaman atención: ¿Para cuándo el día del hetero? ¿Y el del hombre? La respuesta es fácil: no hacen falta.

Que una causa posea un día internacional tan remarcado refleja una urgencia palmaria de esfuerzos, investigación e inversión. Es cierto que la mortalidad del cáncer de mama se ha reducido un 40% desde 1980 y que 9 de cada 10 mujeres con un diagnóstico temprano lo superan, pero solo cuando se salven todas, el lazo rosa pasará a ser una reliquia de tiempos remotos.

@jesusprietodeportes

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