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TRIBUNA
Antes de saltar al campo en la trascendental semifinal ante Francia, nuestra selección lleva acumulados alrededor de 12.595 kilómetros recorridos, unos 9.500 más que el equipo galo, sin duda beneficiado por un calendario más favorable Y flexible. Este constante ir y venir de las selecciones nacionales desde unas sedes a otras, en este caso compartidas por tres extensos territorios como México, Canadá y EE.UU., debería provocar en nuestra modesta opinión la reflexión de los dirigentes futbolísticos internacionales a la hora de programar nuevos eventos, en múltiples escenarios deportivos.
Además de enfrentarse a una Francia repleta de franceses, España lo tuvo que hacer además contra un rival adicional e invisible, que no lleva números en sus camisetas ni contabiliza estadísticas"
Y es que además de enfrentarse a una Francia repleta de franceses, España lo tuvo que hacer además contra un rival adicional e invisible, que no lleva números en sus camisetas ni contabiliza estadísticas. Se llama el entorno, donde el calor, la humedad, la altitud, los largos viajes, los cambios de huso horario y las alteraciones del sueño pueden ser tan determinantes como la puntería sobre el césped de los peligrosos cuatro mosqueteros Mbappé, Dembelé, Doue y Olise.
Diversos estudios científicos han demostrado que el rendimiento deportivo depende de ciertos elementos, más allá de la mera condición física de los atletas. Por ejemplo, estadísticas procedentes de la Liga de Campeones de la UEFA demuestran que las altas temperaturas disminuyen la distancia recorrida por los jugadores, la intensidad de sus carreras y su capacidad para realizar esfuerzos explosivos.
En el caso del Mundial, como se ha comprobado ya con varios equipos eliminados, la influencia del caluroso verano norteamericano ha hecho mella. Ante el exceso de temperatura, el cuerpo humano responde aumentando la sudoración y desviando la sangre hacia la piel para disipar el calor. Este mecanismo defensivo provoca deshidratación, pérdida de electrolitos, mayor gasto cardiovascular y fatiga precoz. Y todo ello a pesar de las controvertidas pausas de hidratación, estandarizadas sea cual sea la temperatura ambiente y las características de los estadios, algunos con aire acondicionado inclusive. Pero el ajuste del reloj biológico de los futbolistas sea quizás el desafío menos visible. Los viajes largos alteran sus ritmos circadianos, modifican la producción de diversas hormonas y afectan a la calidad del descanso. Al dormir mal, la capacidad de recuperación se resiente, la concentración disminuye y todo esto puede resultar en un mayor riesgo de lesiones.
Actualmente la medicina deportiva ya no se centra exclusivamente en los músculos y las articulaciones. Equipos profesionales de alto rendimiento planifican al detalle los horarios de los entrenamientos, las pausas de descanso, la alimentación, la hidratación, la exposición a la luz solar, e incluso el momento más adecuado para viajar. Porque todos estos elementos pueden asimismo decidir el resultado de un partido y de una eliminatoria, que ya no se ganan únicamente gracias al entrenamiento y a la habilidad de los jugadores. Sostiene Aloysius que en el fútbol de élite, el verdadero rival no siempre se encuentra enfrente. Muchas veces viaja con el propio equipo.
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