El pasado y el presente

Publicado: 26 oct 2026 - 01:50
Opinión en La Región
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En la historia de la humanidad hemos asistido a algunas revoluciones que han venido precedidas ciertamente de etapas de notoria y palmaria injusticia. Hoy, poco a poco, la opinión pública, no tanto la manipulada como la real, va tomando conciencia de que estamos en una época en la que se han tolerado muchas injusticias. Los árbitros muchas veces no han cumplido su tarea y han beneficiado a los poderosos porque así también se beneficiaban ellos. Es decir, el clima de impunidad ha sido de tal magnitud que hoy hay mucha gente que ya está empezando a sufrir en sus carnes las añagazas de una crisis que otros han provocado. En tal escenario, la incertidumbre ante la aparición de planteamientos revolucionarios, fundamentalmente demagógicos, es fácil de comprender. Si los líderes mundiales no son conscientes de este peligro y continúan enzarzados en estériles polémicas y en peleas por el estrellato de la reunión, a la vuelta de la esquina tendremos, más pronto que tarde, mesías y salvadores dispuestos a agitar de nuevo a las gentes con el atractivo reclamo de la justicia social, de la igualdad de oportunidades y de la opresión de los fuertes. La historia, sin embargo, nos enseña a que condujeron las improntas demagógicas y revolucionarias. El problema es que la memoria es flaca y la ignorancia el caldo de cultivo para estos nuevos autoritarismos que no son más que reediciones oportunistas de viejas soluciones.

El problema es que la memoria es flaca y la ignorancia el caldo de cultivo para estos nuevos autoritarismos que no son más que reediciones oportunistas de viejas soluciones.

Periódicamente, sobre todo cuando se producen crisis institucionales o de orden económico y social, las versiones revolucionarias, ahora de signo populista, sean de un lado o de otro, se asoman a la palestra y toman posiciones. En el pasado consiguieron encaramarse al poder y, en general, sustituyeron los oligopolios preexistentes por nomenclaturas que, en nombre de los pobres y desvalidos, de pueblos sometidos, se enriquecieron sin cuento y manejaron el poder por largo tiempo con las consecuencias que todos conocemos. En la actualidad no hay más que mirar a los países donde todavía quedan resabios de estos movimientos para calibrar el grado de libertad y de condiciones materiales de vida en que se encuentran los habitantes dirigidos por tales liderazgos.

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