José Manuel Torralba
La universidad española, el ejército de Pancho Villa
LAS CLAVES
Cataluña está viviendo una auténtica convulsión social y económica ante las promesas incumplidas por los acuerdos de sus partidos con el gobierno central, las negociaciones sobre una nueva financiación autonómica, el creciente deterioro de la deuda que tendrá consecuencias que afectarán al bolsillo de los ciudadanos durante las próximas décadas.
El desencanto generalizado, producto en gran parte del auge del independentismo, políticas excluyentes para quienes se resisten a abandonar la españolidad, y un deterioro de los servicios públicos, lo ha recogido estos días el CEO, Centro de Estudios Opinión, organismo que viene a ser como el CIS catalán, que llevaba varios meses sin publicar sus barómetros por cuestiones técnicas.
La encuesta ha sido preocupante para los actuales gobernantes catalanes, un gobierno del socialista Salvador Illa, con el apoyo de ERC y de los Comunes. El CEO recoge que si se celebraran ahora elecciones autonómicas el PSC perdería escaños y la actual mayoría de gobierno aunque ERC se mantiene; Junts sufriría una auténtica devastación y perdería la tercera plaza que sería ocupada por Alianza Catalana. Con una noticia preocupante para el PP, porque sigue siendo un partido de segundo orden, pierde incluso algún escaño. Pero en cambio sube Vox, que casi iguala al PP.
Estas cifras, que prevén por dónde puede ir el futuro parlamento catalán, en las sedes de los partidos nacionales, sobre todo Ferraz y Génova se analizan con lupa, porque la subida o pérdida de votos de los partidos catalanes repercutirán en el Congreso de Los Diputados, aunque los ciudadanos no votan igual en las elecciones generales que las autonómicas. Pero Illa tendría más dificultades para repetir como presiente con los apoyos actuales. Necesitaría más.
Alianza Catalana está revolucionando la política catalana. Su líder, Silvia Orriols, se convirtió en la alcaldesa de Ripoll hace tres años, la primera vez que se presentó a las elecciones con un nuevo partido, AC, que ha hecho suyas muchas de las exigencias de los partidos de extrema derecha, es independentista recalcitrante, hasta el punto de no habla castellano con un ciudadano de catalán, para demostrar así su defensa del idioma.
En Ripoll lleva a rajatabla ese comportamiento, y desde su escaño del parlamento catalán ha alcanzado un gran protagonismo al relacionar inseguridad con el exceso de inmigración magrebí, y también con los problemas de vivienda o dificultades para reducir las listas sanitarias. Orriols es hoy el personaje político que provoca más noticias en Cataluña, una mujer joven que transmite la idea de que debe circunscribirse a hacer política en su comunidad, y tiene como referente a Ciudadanos, que llegó a ganar las elecciones autonómicas pero se malogró al dar el salto al resto de España.
La figura que ha centrado todas las interpretaciones y análisis tras el nuevo estudio del CEO ha sido Carles Puigdemont, cada vez más desplazado. Junts se convierte en un partido irrelevante, con decisiones muy arbitrarias respecto a su relación con Pedro Sánchez hasta que ha decidido finalmente posicionarse a la contra, sin cambios de última hora.
Sánchez pretende llevar al Congreso el proyecto de Ley de Presupuestos y el de Financiación Autonómica
Los cinco años transcurridos desde que huyó de España, vivir a cuerpo de rey en Waterloo mientras otros dirigentes independentistas catalanes han sufrido las serias consecuencia de mantenerse leales a sus siglas, hasta el punto de cumplir condenas de prisión, han convertido a Puigdemont en un político con imagen de oportunista y poco solidario.
La semana próxima el tribunal de justicia europeo TJUE se pronunciará sobre el recurso que presentó Puigdemont porque no se le ha aplicado la ley amnistía, y en principio este tribunal se pronunciará a favor de Puigdemont. Pero la última palabra la tiene el Tribunal Constitucional español, y empieza a advertirse inquietud en el ex presidente de la Generalitat.
El presidente del TC, Cándido Conde Pumpido, cuyo mandato terminó a principios de años y está a la espera de incorporarse al Consejo de Estado como vocal permanente, muestra señales de profunda incomodidad profesional y personal, como indican compañeros del TC.
La idea generalizada de que siempre se pronuncia en función de lo que interesa a Pedro Sánchez ha hecho mella en su percepción de que su prestigio se ha visto afectado. Por otra parte las noticias sobre la corrupción que ya nadie discute y que afecta a personas muy próximas a Pedro Sánchez, también, según compañeros, pueden estar afectando al presidente del TC. Así y todo, si el TC respalda que se aplique a Puigdemont la amnistía -se pronunciará el próximo otoño- el debate no se cerrará por muy bien argumentada que se presente.
El hecho de que Sánchez utilice el TC como una instancia superior judicial, sin serlo, para resolver asuntos que necesita sacar adelante, es una de las cuestiones que más desconfianza provoca hacia las actuales instituciones españolas.
Qué va a hacer Puigdemont en el futuro era algo que protagonizaba todos los estudios y análisis sobre el futuro de Cataluña hasta hace apenas dos años. La prueba es que Sánchez utilizó a dos de las personas de su mayor confianza, Zapatero y Cerdán, para negociar con el ex presidente de la Generalidat los apoyos parlamentarios de Junts al llamado gobierno progresista. Hoy, vistas las circunstancias que han deteriorado gravemente el sanchismo, más el declive de Junts, más la pérdida de relevancia política de Puigdemont, se llega a la conclusión de que el envite secesionista que ha protagonizado la vida de toda España, no solo de Cataluña, se ha ido diluyendo -el CEO afirma que el no independentismo ha alcanzado el 51 por ciento- y la política catalana la protagoniza la reforma de la financiación autonómica.
La negociación entre Moncloa y la Generalitat ha culminado en un acuerdo que ha recibido el rechazo de todos los dirigentes autonómicos de comunidades que se rigen por el régimen general, incluidos los dos socialistas Barbón y Page.
Ese acuerdo es muy similar a los conciertos de Navarra y País Vasco, sobre todo este último: la agencia tributaria de Cataluña gestionará todos los ingresos correspondientes a las obligaciones fiscales de los ciudadanos catalanes, y la Generalitat transferirá al gobierno central una cantidad pactada previamente para corresponder así a la solidaridad con el resto de España. Solo falta llamar “cupo” a esa cantidad para concluir que Sánchez ha cedido finalmente a las exigencias de Cataluña desde hace décadas.
Por otra parte el gobierno no ha pedido al gobierno catalán que tome medidas efectivas para reducir su inmensa deuda, cantidad que afecta a la economía del resto de las comunidades, cuando todas ellas, unas con más efectividad que otras, han tomado decisiones dolorosas para rebajar sus propias deudas.
En cuanto se reanude el curso en otoño, Sánchez pretende llevar al Congreso el proyecto de Ley de Presupuestos y el de Financiación Autonómica. No tiene fácil que sean aprobados, entre otras razones porque Junts ha advertido que no lo va a hacer.
El foco estará puesto en el proyecto de financiación autonómica que tiene revolucionado el debate político. Los partidos capitales, entre los que se incluye el PSC de Illa, van a ir a por todas.
Habrá que ver si Sánchez, en su peor momento político en el que su única obsesión es mantenerse en Moncloa o al menos salir con dignidad para dejar abierto un futuro regreso, va a resistir las presiones catalanas.
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