La salud tiene su propia clave económica

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La sostenibilidad de la sanidad ya no depende solo del presupuesto. También, de la gestión de los recursos, el envejecimiento, la innovación farmacéutica, las listas de espera y el crecimiento del seguro privado.

Publicado: 12 jul 2026 - 06:40
Tratamiento de una paciente con ELA en el Hospital de Bellvitge.
Tratamiento de una paciente con ELA en el Hospital de Bellvitge. | La Región

Durante décadas, la sanidad se analizó desde una perspectiva asistencial. El debate giraba alrededor de hospitales, médicos, listas de espera o nuevos tratamientos. Sin embargo, el siglo XXI ha convertido la salud en una de las grandes variables económicas de cualquier país desarrollado. La denominada economía de la salud ya no es una disciplina académica reservada para especialistas: es uno de los principales factores que condicionan la competitividad de las naciones, la sostenibilidad de las cuentas públicas y el bienestar de la población.

España constituye uno de los ejemplos más interesantes de esta transformación. Dispone de uno de los sistemas sanitarios con mayor cobertura universal del mundo y mantiene indicadores de salud superiores a la media de la OCDE en buena parte de los parámetros analizados. Sin embargo, al mismo tiempo afronta una presión creciente derivada del envejecimiento de la población, el aumento de las enfermedades crónicas, la escasez de profesionales, las listas de espera y un notable incremento de la demanda de asistencia privada.

La cuestión ya no consiste en cuánto dinero destinar a la sanidad. La pregunta relevante es cómo utilizar mejor unos recursos que siempre serán limitados frente a unas necesidades que no dejan de crecer. La economía moderna ha dejado de considerar la salud como un mero gasto público. Hoy se entiende como una inversión productiva.

Una población con mejor salud trabaja más años, genera mayor productividad, reduce el absentismo laboral, consume más y necesita menos prestaciones sociales. Por el contrario, una sociedad enferma soporta mayores costes sanitarios, pierde capacidad de crecimiento y aumenta el gasto público en incapacidades laborales y dependencia.

Cada euro invertido en sanidad tiene consecuencias sobre el crecimiento, el empleo, la productividad y la cohesión social

Los economistas llevan años insistiendo en que los sistemas sanitarios eficientes son también motores de crecimiento económico. No es casualidad que los países más desarrollados dediquen entre el 9 % y el 12 % de su PIB a la salud. España invierte alrededor del 9,2 % de su PIB en gasto sanitario, una cifra próxima a la media de la OCDE, aunque con un gasto por habitante todavía inferior al promedio de los países más ricos.

El impacto económico de la sanidad resulta especialmente visible cuando el sistema comienza a mostrar signos de saturación. Las listas de espera ya no constituyen solo un problema asistencial. También representan un coste económico. Cada trabajador que prolonga una baja médica porque debe esperar meses para una intervención quirúrgica o una consulta especializada supone una pérdida de productividad para las empresas y un incremento del gasto de la Seguridad Social.

Diversos análisis apuntan a esta conexión entre la saturación sanitaria y el aumento de las incapacidades temporales. En España, el coste de las bajas laborales alcanzó cifras récord en 2025, convirtiéndose en una de las mayores partidas del gasto público, mientras distintos estudios vinculan parte de esa evolución con las demoras asistenciales. La economía de la salud recuerda así una evidencia medio olvidada: invertir en eficiencia sanitaria también significa invertir en crecimiento económico. Pocas cifras ilustran mejor la transformación del sistema que el aumento del aseguramiento privado: cerca de 12,8 millones de españoles ya cuentan con un seguro sanitario privado, lo que equivale al 26 % de la población.

@J_L_Gomez

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