Jaime Noguerol
EL ÁNGULO INVERSO
“Tipos raros”
En una entrevista que The Guardian hizo al recién galardonado con el Nobel de Física Peter Higgs (sí, quien da nombre al “bosón de Higgs”) hace ya más de 12 años, el físico británico reconocía que ninguna universidad lo contrataría en el sistema académico actual porque no se le consideraría lo suficientemente “productivo”. En un artículo que escribí hace 7 años en el blog Universdad SI, y titulado “De la meritocracia a la metritocracia: ¿no nos estaremos equivocando?”, opinaba en la misma dirección, algo muy políticamente incorrecto en nuestro sistema universitario: la excesiva utilización de las métricas a la hora de promocionar nuestro profesorado, estaba conduciendo a la generación de catedráticos más mediocre de la historia. Catedráticos que, en su mayoría nunca pasarían un concurso de méritos al uso, para ser catedráticos, en la mayoría de países con visibilidad en los rankings internacionales. En esos países, para ser catedrático se exige, además de haber publicado mucho y bien, ser un referente reconocido a nivel internacional en su especialidad y ser capaz de coordinar y liderar grupos de investigación, es decir, demostrar con claridad que se es un líder en su especialidad, y desde luego, transmitir con claridad la certeza de que con el “ascenso a catedrático”, esa persona hará crecer el prestigio y la proyección nacional e internacional de su universidad.
Esto no es así en España. Aquí, para ser catedrático, lo primero es superar una acreditación (hecha por una agencia gubernamental, la ANECA), basada esencialmente en “métricas” y que normalmente superan, tarde o temprano, todos los que se presentan (es cuestión de tiempo). Una vez alcanzada la acreditación a catedrático, es también cuestión de pocos meses, para que en la mayoría de universidades del sistema público saquen a concurso una plaza de catedrático de universidad “con el nombre y apellidos” del recién acreditado. Esto es un logro de los sindicatos universitarios, ya que la carrera profesional está tan mal diseñada que la única manera de mejorar salarialmente a un profesor titular “añoso” es haciéndole catedrático.
Con este sistema, muchos premios Nobel, incluyendo Higgs, nunca hubieran sido catedráticos en España
Catedráticos que alcanzan ese estatus a través de concursos públicos, basados en baremos ad hoc y donde impera la “metritrocracia” al peso y siempre con la óptica puesta en el candidato “de la casa”, que prácticamente en todas las ocasiones ocupa esa plaza. Al final es difícil que un candidato externo pueda desbancar al “de la casa” porque si se diera la ocasión de que “el de fuera” tuviera más méritos basados en la pura métrica, entonces sí salen a colación otros méritos vinculados a los servicios prestados a la universidad convocante. Es muy difícil que un candidato no saque “su” plaza. Normalmente al inicio de los concursos, la comisión evaluadora debe publicar el peso que da a los méritos posibles de los candidatos, pesos que se determinan para intentar favorecer a un determinado candidato, que no siempre es el mejor posible. Yo he presenciado concursos donde la plaza la ha conseguido la persona que tenía más “papers”, independientemente de su nula capacidad de comunicación, su escasa capacidad de liderazgo, su inexistente proyección internacional y sin haber creado nunca un grupo o escuela. Pero era el que sacaba la nota más alta en el sacrosanto baremo numérico establecido (¡y además era del departamento convocante!).
Esto conduce a que cientos y cientos de profesores orienten su actividad, exclusivamente, a engordar sus métricas personales, olvidando ser buenos profesores desde todos los puntos de vista. Y no es culpa de los que aspiran a ser catedráticos, la culpa es del sistema, que es malicioso y está conduciendo a la situación que ya tenemos y que es muy difícil de revertir. Con este sistema, muchos premios Nobel, incluyendo Higgs, nunca hubieran sido catedráticos en España. Pasan los años, las décadas, y el sistema se sigue pervirtiendo en la dirección contraria a la verdadera meritocracia. Los catedráticos del sistema universitario público debieran ser la élite del sistema. Pero nos encontramos que, en nuestros departamentos, la mayoría de profesores alcanzan la cátedra, existiendo muchos más catedráticos que profesores titulares. Y en mi opinión no es asumible, en un mundo competitivo, que prácticamente el 100% de un colectivo pueda alcanzar la máxima categoría de ese colectivo. Como no existe una empresa donde todos los directivos son CEO, ni un hospital donde todos los médicos son jefes de servicio, ni un ejército donde todos los oficiales son generales, salvo en el de Pancho Villa. Y estamos transmitiendo que somos el ejército de Pancho Villa.
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