Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
Esto es como caminar por la calle del Paseo que luce, merced a las lluvias de los últimos días, más rutilante que nunca. De repente un inesperado tropiezo te despierta de tu ensimismamiento matinal, bueno, una piedra mal asentada, sigues tu camino, otro tropiezo, con los años -pienso- me cuesta más levantar los pies del suelo, pero luego un tercer, cuarto y hasta quinto tropiezo, termina por cabrearme, ¡qué coño está pasando! Miras a tú alrededor y cabizbajo, sin ánimo para continuar tu paseo, disgustado te vas para tu casa.
Todo esto con una mueca de extrañeza por parte de los aficionados ourensanos ante un inesperado gatillazo
De esta misma índole abandonaban los seguidores del COB el Pazo, tras la derrota del COB. Y es que no hay mayor disgusto para un aficionado que presenciar en vivo y en directo el desplome de su equipo. Y, como bien apuntaba mi compañero de viaje/asiento Ángel “Irixo”, “menos mal que ganamos aquellos partidos al principio, si no que pinta mal”.
El Oviedo, a priori sin mucho más valor, ha ganado el partido porque ha creído más en ello y porque ha llegado mejor al desafío. ¿Hasta qué punto fue acierto ovetense o demérito ourensano?
La verdad es que una defensa tan transparente como la que mostró el COB facilitó mucho las cosas al Oviedo, que de la mano del ala/pívot más “vintage” de la Liga, Loic Cyrille Mnuge, para los que estuvieron en el Pazo es el que llevaba el pantalón colgado de los sobacos y nos cosió a triples, hasta llegar a los 29 puntos -seguro que pocas veces se vio en estas- marcó territorio y el camino a seguir desde el principio y el resto, cierto que con buena mano, se limitaron a acompañarle. Acierto individual y acompañamiento colectivo que el COB no tuvo.
Todo esto con una mueca de extrañeza por parte de los aficionados ourensanos ante un inesperado gatillazo. Lo intentó Krikke, bueno, hizo sus puntos Rafa Lisboa, bueno, pero como siendo últimamente sin continuidad y de manera paulatina ir perdiendo el ánimo y por momentos la presencia, Sergio Rodriguez por lesión, Moody por omisión o Mendikote por desaforamiento. Así es muy difícil ganar.
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