Ángel Mario Carreño
REFLEXIONES DE UN NONAGENARIO
"¡Ti cala!"
HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL
Las diversas cadenas de televisión vienen echando mano de los viejos periodistas supervivientes de una época, como yo mismo, para reconstruir documentalmente episodios del pasado o acontecimientos de los que se tiene criterio. Hace poco, un historiador japonés que conocía mis libros y artículos en revistas científicas de comunicación sobre la monarquía española y el mal llamado “rey emérito” (cosa que no existe, sino que es un monarca abdicado al que se conserva el trato protocolario de “rey honorífico”) se desplazó a Vigo para entrevistarse conmigo. Y la pasada semana intervine sucesivamente en el programa “Ahora Sonsoles” y en “Cuarto milenio”.
En el programa de Sonsoles solicitaron mi colaboración en el caso de “Alfonso Basterra” y la posibilidad de que recibiera su primer permiso carcelario. El origen de todo ello es que, durante una parte de mi vida profesional, siendo delegado de “El Correo Gallego” en Vigo, del que Basterra era redactor mantuvimos contacto diario y una excelente relación persona derivada de aquel, e incluso me presentó a su esposa. Cuando se descubrió el caso por el que ambos fueron juzgados y condenados por tan horrendo crimen, escribiera yo un artículo en el que expresaba mi sorpresa porque una persona que yo conociera fuera capaz de cometer tal homicidio. Basterra era un hombre hacia dentro, más bien tímido y que por su carácter no parecía de Bilbao.
Cada vez que he intervenido en un programa de televisión sobre el asunto, siempre antepongo que mi opinión no es un dictamen de experto en la conducta humana, sino el simple testimonio de una persona que, sin llegar a ser lo que se dice amigos íntimos, si puede aportar la experiencia del trato cotidiano con quien, pese a la condena, siempre ha defendido su inocencia, lo que cuesta entender dados los hechos probados que constan en la sentencia. Para mí, el caso, es una de esas sorpresas que da la vida y que cuesta entender.
También estos días he aparecido en el programa “Cuarto Milenio”, en la Cuatro, que dirige Iker Jiménez, al que tanto admira Pedro Sánchez. Esta vez para hablar del “Caso Reace”, que ya pocos recuerdan y que en 1973 me permitió conocer y entrevistar a Gil Robles. Entrevista grabada que conservo y que se halla a disposición de los historiadores en el Arquivo Sonoro de Galicia. El caso consistió en la desaparición de más de 4 millones de kilos de aceite de oliva y múltiples muertes misteriosas. La empresa Refinerías de Aceite del Norte de España (REACE), fundada en 1956 por Rodrigo Alonso Fariña en Redondela, Galicia, alquilaba a Comisaría General de Abastecimientos y Transportes (CAT) alquilaba unos silos para almacenar aceite de oliva y controlar los precios del mercado. La empresa violaba los precintos de los depósitos y vendía ilegalmente el aceite, obteniendo grandes beneficios. Luego, lo reponía.
El fraude se descubrió el 25 de marzo de 1972, cuando la CAT solicitó la entrega de aceite y los tanques estaban vacíos, constatándose la desaparición de 4.036.052 kg de aceite, valorados en 167.615.172 pesetas. El director gerente de REACE, José María Romero González, denunció el hecho ante los juzgados de Vigo, iniciándose el sumario 43/1972. El juicio comenzó el 21 de octubre de 1974 en la Audiencia Provincial de Pontevedra, presidido por Mariano Rajoy Sobredo, padre del futuro presidente del Gobierno español. La acusación estuvo a cargo del fiscal Cándido Conde-Pumpido. Romero, su esposa e hijos, aparecieron muertos en su domicilio.
Gil Robles venía a defender a un empleado corrupto de la CAT, Miguel Ángel García Canal, quien, a cambio de 5.000 pesetas al mes, permitía las operaciones ilegales. Pero la pieza que el viejo político quería cazar era el hermano de Franco, Nicolás, que era consejero de la empresa. Cada vez que Gil Robles lo citaba, el padre de Rajoy declaraba la pregunta improcedente. En 1987 el caso fue llevado al cine en la película Redondela por el director catalán Pedro Costa Musté y se centra en la intervención de Gil Robles como abogado. Yo estuve en el rodaje, que se llevó a cabo en el hotel Bahía y en el edificio e Príncipe y conté lo que sabía del caso y mi entrevista con Gil Robles. Como periodista también me tocó cubrir una de las muertes misteriosas asociadas, la del consejero delegado de Reace, Isidro Suárez Díaz-Moris, en las duchas de la cárcel de Vigo, de modo nunca aclarado, tras haber protagonizado un intento de fuga en tren, arrojando miles de pesetas en billetes por las ventanillas.
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