Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
En bici, hay que pedalear para no caerse. Pedro Sánchez es perfectamente consciente de que vive momentos de los que es difícil salir, y pedalea hasta el agotamiento. Necesita mantenerse en el sillín. En su caso, sillón.
La guerra de Gaza se ha convertido en el principal argumento para protegerse de todo aquello que le puede desalojar del poder. Pero son tantos los frentes abiertos que no tiene ni tiempo de medir las consecuencias de precipitarse.
Lo hemos apuntado estos últimos días: está cargado de razón al denunciar los métodos de Netanyahu para deshacerse de Hamas. No hay nada que justifique los bombardeos indiscriminados, los ataques a las colas del hambre, y disparar contra todo lo que se pone por delante sin diferenciar a terroristas de personas que no tienen más pecado que residir en Gaza porque no hay país árabe que los acoja.
La postura de Sánchez, considerar a todos los israelíes cómplices de Netanyahu, es un error descomunal. Ni siquiera se ha tomado la molestia de conocer unos mínimos datos antes de anunciar decisiones controvertidas. Por ejemplo, el embargo de armas a Israel: que ya se había decretado años atrás. cuando él no era presidente. También se ha apresurado a sancionar a toda clase de grupos, empresas y asociaciones israelíes, sin hacer distingos. Hasta el punto de incluir entre los sancionados a organizaciones muy activas en la defensa del pueblo palestino que han puesto en marcha iniciativas valientes en ayuda de las decenas de miles de gazatíes que no tienen dónde caerse muertos. Y nunca mejor dicho.
Ya puede Pedro Sánchez andarse con cuidado. No ha calculado las consecuencias de su animadversión generalizada hacia Israel
Sánchez pedalea pero no se preocupa de marcar previamente el rumbo para no entrar en terreno intransitable. Su círculo está contaminado por la corrupción, lo que significa que no cuidó suficientemente su entorno y se rodeó de personas no adecuadas. Eso le ha llevado a promover actuaciones contra los jueces impropias de un gobernante demócrata, atacar de forma implacable a medios que denuncian comportamientos delictivos, y crear equipos en los que prima el servilismo frente a la profesionalidad y la eficacia.
En el escenario internacional le han calado ya. No le llaman, no le convocan, no le consideran un dirigente de peso, y muchos menos fiable. Sus ministros viven en el desconcierto porque no saben qué órdenes les llegarán desde el despacho presidencial y si serán adecuadas, y los socios deambulan sin rumbo mientras transmiten una inseguridad creciente respecto a su futuro.
Anuncia iniciativas muy duras contra Israel -que no contra Netanyahu-, sin considerar que pueden tirarle fácilmente de la bicicleta. Israel es un país serio con gente seria, científicos excepcionales, servicios de información que llegan a donde no llega nadie y actúa de forma implacable contra los que les atacan porque sí, generalizando y sin razonar.
Ya puede Pedro Sánchez andarse con cuidado. No ha calculado las consecuencias de su animadversión generalizada hacia Israel. Incluso sectores españoles muy sanchistas pueden revolverse contra un gobernante que con anuncios de boicot indiscriminado atenta contra sus intereses y usa la brocha gorda para demostrar su animosidad contra los israelíes.
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