Miguel Michinel
TINTA DE VERANO
La niebla
El Mundial de fútbol y otros acontecimientos deportivos de foco planetario sirven para promocionar países en desarrollo, actualizar infraestructuras y pagar la cuenta a plazos. Grecia sigue cargando con la celebración de los Juegos de 2004. El Mundial España 82 renovó estadios, carreteras, incrementó plazas hoteleras y mostró al mundo que la transición hacia la democracia, con arrebatos golpistas como el del 23F, iba en serio. Bien gastado.
Cuatro años antes el Mundial en Argentina había barnizado la dictadura militar de Videla. Como si hay que jugar en Catar y en diciembre. Cuestión de intereses, no de derechos. “La FIFA es una mafia”, acusó Maradona, por lo que conviene controlar arrebatos de autoestima localista y analizar el lugar que se pisa antes abrirle los brazos.
“La FIFA es una mafia” – Maradona resumió así la lógica de los grandes eventos deportivos: intereses económicos y políticos por encima de derechos y necesidades locales
Los Juegos de Barcelona 92 sacudieron las bases del deporte español, acostumbrado a contados éxitos en disciplinas de esfuerzo individual, por el plan ADO. ¿Necesita ahora Madrid los Juegos de 2036 como pretende Isabel Díaz Ayuso? ¿Más promoción? ¿Más turistas? El censo compite por la vivienda. La alcaldesa de A Coruña, la socialista Inés Rey, “tribuneó” durante dos años por haber pasado el corte para acoger el Mundial 2030, de organización compartida con Portugal y Marruecos. Vigo se quedó fuera y el alcalde Abel Caballero, también socialista, pasó dos años señalando a Rafael Louzán, presidente de la federación y antes de la Diputación de Pontevedra con el PP, y al presidente de la Xunta, Alfonso Rueda.
Inés Rey renunció a la candidatura la semana pasada con la solemnidad del salón de plenos. A su lado estaba Juan Carlos Escotet, presidente del Dépor y de Abanca, para firmar otro proyecto con un estadio a escala de las necesidades del club en vez de atender obligaciones impuestas. La afición de la grada del chófer de anécdotas no pitó el paso atrás. La Federación anunció que pedirá a la FIFA incluir a Vigo y a Valencia como sedes y Caballero se puso el casco. “Si hay que volver a remodelar el estadio por supuesto que no estoy a favor, me parece ridículo gastar una millonada por tres partidos”, comenta un colega vigués en el negocio del alquiler turístico. “Pero será lo que diga Abel, son uno con el Amado Líder”.
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