Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
Yo, como tantos otros, atribuía a Fray Luis de León la frase “como decíamos ayer”, pero resulta que hay estudios que cuestionan la autoría del teólogo y poeta del Renacimiento, que saludaría así a sus alumnos de la cátedra de la Universidad de Salamanca después de cumplir parte de una sentencia del Tribunal del Santo Oficio, la Inquisición para entendernos. Aún hoy la frase se repite con frecuencia adjudicando el comentario al monje. Bueno, hasta Pedro Sánchez, en su Manual de Resistencia, se la atribuyó... a San Juan de la Cruz. Quizá sea demasiado pretenciosa la alusión a los clásicos en una actualidad de tan baja estofa en muchas ocasiones. Por ello recuperemos a alguien más popular. Bugs Bunny, allá por 1940, salió por primera vez de su madriguera para decirle al cazador Elmer Gruñón, “¿qué hay de nuevo, viejo?”.
El tiempo pasa, pero se estanca para ciertos asuntos, encerrados en un gigantesco paréntesis. La relectura de algunos temas noticiosos despierta melancolía, cuando no aburrimiento. Bien vale todo un como decíamos ayer o un ¿qué hay de nuevo, viejo? Las noticias hibernan y brotan al cabo de un tiempo en un ciclo biológico poco científico, y determinados titulares son nuestro fondo de armario. Siempre hay que tener unos básicos, como los vaqueros o una americana azul. Ya lo dijo Chanel: “No se puede estar siempre innovando, quiero crear clásicos”. Los imprescindibles de la actualidad informativa de Ourense son casi siempre los mismos. Veamos algunos ejemplos.
La promesa termal en la provincia tiene esa capa de moho y mal olor del queso que se ha olvidado en la nevera
Me recuerda la pila de portadas de La Región que ojeo para inspirar estas líneas que los ourensanos viviremos (otra vez) del termalismo gracias a un hotel, una oficina y algunos paños calientes más. La promesa tiene esa capa de moho del queso que quedó olvidado en la nevera, con su fétido olor y todo. El tocomocho de las aguas termales y su futuro quiere dilatar las pupilas de los ourensanos, con ese brillo de pillo deseo, similar al descrito por Woody Allen (creo): “¿Tú distingues esa mirada de una mujer cuando quiere tener sexo contigo? Yo tampoco”. Ourense tiene aguas con propiedades salutíferas desde sus orígenes geológicos pero hace décadas que sufre una ciclogénesis explosiva de bisoñez política y social que tiene ocioso el recurso. Cualquier comparación con las ciudades termales al uso que aprovechan sus condiciones resulta ridícula. La turgencia con la que se habla de termalismo en la provincia choca con la andropausia de la realidad de los hechos. Y es que la única verdad es la realidad, adelantó Aristóteles. Ahí está la terca evidencia de una urbe obtusa cuyos hechos la delatan como desgobernada. Casi no hay nada en el sector termal y lo mejor es meter la piqueta en vez de rehabilitar, como pasa con las Pozas de Maimón, que se irán al suelo por mandato municipal. Gonzalo P. Jácome hace con las capacidades de la ciudad lo del general Sheridan en los Estados Unidos del XIX con ocasión de las crueles campañas contra las tribus: “El mejor indio es el indio muerto”. El alcalde sostiene que el mejor termalismo es el que se mata y en tal empeño anda. Vamos a reencarnar los ourensanos al Rick de Casablanca, que sostiene la primera conversación con el capitán Renault en estos términos. El breve interrogatorio que inicia el policía es este: “¿Qué ha venido hacer usted a Casablanca? Vine a tomar las aguas. ¿A tomar las aguas al desierto? Vaya, me informaron mal”.
Nuestra esperanza (y nuestra realidad, otra vez) es la gente mayor. Bendita senectud, a la que todos aspiramos llegar en las mejores condiciones posibles. Carballeda de Avia fía una de sus estrategias de desarrollo al turismo de la tercera edad. El concello trata de ganarse a los operadores privados para que remitan contingentes de abuelos. Esto no va de la repoblación de los solteros de Plan para evitar la desertización de aquel pueblo del Pirineo en los años 70. Tiene más que ver con la película ochentera Cocoon en la que unos ancianos que vivían en una residencia se bañaban en una piscina de la vivienda aledaña e inexplicablemente rejuvenecían. Traigamos a miles de jubilados a la provincia para meterlos a remojo en las pozas, al modo de la bañera de Cocoon, con el señuelo de retoñar. Pero, siempre hay un pero: la piscina y sus propiedades eran cosa de extraterrestres en la película. Bueno, para el caso hay similitudes ya que los gestores de la cosa termal pública algo de lunáticos tienen.
Quedamos entonces en que comentar algunos asuntos de la actualidad ourensana es revisitar a los clásicos, que nunca defraudan, ya que siempre encuentras matices que habían pasado desapercibidos, como el libro que siempre está sobre la mesa o la película que visionas una y otra vez. Como novedad, como noticia entonces, se recuerda que el Museo Arqueolóxico de Ourense cumple ya 23 años cerrado, con las obras inconclusas y sin fecha real de reapertura. Por lo tanto, como decíamos ayer, reiteramos hoy y barruntamos que seguiremos mañana. ¿Qué hay de nuevo, viejo? ¡Qué viejo es todo lo nuevo aquí!
Mira tú en lo que se está quedando una ciudad que fue admirada por la cantidad y calidad de su comercio anteayer mismo. Mira tú las consecuencias de un cambio de mentalidad en el mercado, de la falta de relevo generacional para ponerse ante el mostrador o ante los dispositivos electrónicos de compra y venta. Mira tú cómo la ciudad pierde señas de identidad urbanística y socioeconómica sin que haya alternativa que mitigue la deriva en la que caen muchas tiendas, abocadas al cierre. Mira tú lo evidente el deterioro de espacios urbanos sin que desde el Concello se prevean iniciativas que intenten atajar la pendiente. Mira tú de qué manera las organizaciones gremiales también menguan su fuerza y tono reivindicativo, a expensas de ayudas que palíen su situación. Mira tú cómo las grandes enseñas del sector (y algún veterano comerciante local) siguen creyendo en Ourense, pero corren el riesgo de ser una excepción. Mira tú.
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