Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
24 DE MARZO
Hubo mucha tristeza, en el bar Sol, por su muerte. No he tenido mucho contacto con él últimamente. Con frecuencia llegaba a la pequeña terraza, pedía su cerveza, abría su bloc y recitaba sus poemas. Hablo de Xurxo Bouzo, cuyo cuerpo apareció en la playa de Antena hace días. La última vez que lo vi, sus ojos miraban como asustados la vida. Cuentan que fue un defensa central con poderío y estilo. Un jugador elegante en aquellos años gloriosos del Club Deportivo Ourense. Espigado, marcaba con clase al delantero rival.
Ay, no pudo sortear la perra vida. Me dicen que se perdía en pasos erráticos por la ciudad. Alguna vez me miró con su rostro labrado de desengaños, y me habló de publicar sus poemas en alguna editorial.
( Ayer, alguien que amaba, me enseñó en un bloc el último verso que le escribió: “La ilusión es lo importante/pues lo crucial es eso que no sé cómo se llama/pero que es lo único que importa”)
La última vez que lo vi, sus ojos miraban como asustados la vida. Cuentan que fue un defensa central con poderío
28 DE MARZO
Verídico, hermano lector, días pasados se me aproxima un hombre ya mayor, con gesto agresivo. Estamos en la calle Santo Domingo. Ostias! El fulano me espeta de entrada “¿es usted el que escribe esas bobadas los domingos en Triángulo Inverso o como se llame?”.
Cielo Santo, intento escabullirme, pero el fulano casi acosándome, me lleva a una esquina. “Pues mire usted, el otro día escribió un artículo en el que habla del Alcázar de Toledo y del general Moscardó, está usted muy mal informado; sepa usted que yo soy republicano y estudié a fondo la guerra civil española. He ido varias veces a Toledo, para documentarme”.
Estamos en plena calle, incluso interrumpimos el paso de los transeúntes. Él no se mueve y arremete: “Lo que escribió usted parece un cuento del NODO”. Es cierto que había más de mil doscientas personas encerradas en El Alcázar, pero lo que no cuenta usted es que había cientos de rehenes que utilizó Moscardó como escudos humanos. Por eso los ataques republicanos fueron escasos. Además, el bando vencedor habla de más de veintemil soldados bombardeando día y noche”.
El escritor Luis Quintanilla escribe que apenas pasaban de los mil. Hay un libro que salió en los años sesenta, en la editorial El Ruedo Ibérico, de París, que desmonta la historia, “pura propaganda del bando vencedor”. Ahora se encoleriza mi interlocutor.
“¿A dónde quiere llegar?. ¿Es que cree que la conversación entre Moscardó y su hijo no existió?” “No se altere, yo solo quiero exponer otro punto de vista, alejado del discurso oficial.” Cielo Santo, cómo se enfurece, mi interlocutor ya no habla, esta fuera de sí. Me llama juntaletras y otras cosas y yo me escabullo.
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