Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
Sánchez no tiene que buscar apoyos, ni votos, debajo de las piedras. Lo que tiene que buscar en la confianza de los ciudadanos, tarea difícil a la vista de cómo se plantea el presidente la estrategia de resistencia.
Una imagen vale más que mil palabras, y algunas no conviene a Sánchez sacarlas a la luz en estos tiempos, cuando los españoles no atraviesan su mejor momento económico y a la hora de acostarse no duermen sino que hacen números para ver cómo se las arreglan para pagar facturas e impuestos que suben cada mes
Está convencido de su incomparable capacidad de convicción, que le lleva a pensar que la mayoría de los españoles “comprarán” sus argumentos, sus justificaciones. Los habrá, siempre hay muy cafeteros que apoyan personas, siglas o proyectos por imposibles que sean; pero los sondeos demuestran que Pedro Sánchez pierde prestigio a chorros, credibilidad a chorros, y se ha asentado la idea de que en su entorno la corrupción estaba a la orden del día; es difícil creer que nada menos que un jefe de gobierno, ni ninguno de los profesionales que le rodean y están pendientes de todos sus pasos y de su seguridad, hayan detectado que en Moncloa no todo era y es tan limpio como pretenden.
Gran parte de los españoles tampoco aceptan las explicaciones de que el abuso de medios públicos paras asuntos privados se deben a cuestiones de seguridad, porque presidentes anteriores, que han vivido la tragedia de una España amenazada por ETA y por los yihadistas, no recurrían al falcon como si fuera un taxi, ni aprovechaban las residencias oficiales para vacaciones no solo con la familia – lógico- pero también con amigos. A costes pagados. Por el Estado. Todo eso se recordará en cuanto se levanten las piedras en las que Sánchez buscará votos.
Una imagen vale más que mil palabras, y algunas no conviene a Sánchez sacarlas a la luz en estos tiempos, cuando los españoles no atraviesan su mejor momento económico y a la hora de acostarse no duermen sino que hacen números para ver cómo se las arreglan para pagar facturas e impuestos que suben cada mes.
Los votos no están debajo de las piedras. Es en la superficie donde se observa la relación tan estrecha que existe entre papeletas y dineros. Lo sabe muy bien Sánchez, que para colar decretos que exigen los socios, promueve iniciativas que de entrada darían votos pero no resisten una revisión superficial: no hay fondos para cumplirlas, la letra pequeña es devastadora y lo que da un decreto lo quita otro.
Con este embolado que hace peligrar su continuidad -embolado que incluye el intento de meter mano en la Justicia para que no caigan los suyos-, se le ha cruzado Trump en el camino. Un presidente que antes de cumplir una semana de mandato, ha ganado la batalla a dirigentes de magnitud que intentaban detener algunas de sus iniciativas más sonadas: deportación de inmigrantes, escaso protagonismo de la UE en las negociaciones sobre Gaza y Ucrania, y nueva financiación de la OTAN. En esos capítulos lleva Trump la voz cantante.
A ver cómo se las arregla Sánchez para impedir que el prepotente presidente americano busque meterle en cintura, le indique qué amigos son indeseables y qué aportaciones hacer a organismos internacionales .
Y a qué se arriesga si no está conforme.
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