Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Portero de noche
La presencia en Santiago de Compostela de la princesa de Asturias para recibir la Medalla de Oro de Galicia, ha generado una doble controversia. Tanto por la ausencia de la alcaldesa de Santiago en un acto institucional y también por el pobre y circunstancial discurso con cuatro frases en gallego, casi pintorescas y tópicas, de la hija mayor del rey. Cabe decir que la señora Goretti Sanmartín debe saber que el cargo que ocupa tiene tres dimensiones en sí mismo: Para sus correligionarios, ella los representa en cuando a su ideología; en segundo lugar, ostenta un cargo democrático por elección, sin duda. Pero también ocupa un cargo institucional que, como tal, debe representar al conjunto de los ciudadanos, y no sólo a quienes piensen como ella, sino a todos los ciudadanos de Compostela. Siempre recuerdo que hasta cuando el alcalde de Roma era comunista nunca dejó de acudir al acto de homenaje a la Purísima Concepción en la plaza de España, representando a la ciudad en su conjunto. Es decir, asumía su papel institucional.
En cuanto a la concesión de la Medalla de Oro de Galicia, aprovechando que anda por aquí la hija mayor de Felipe VI, hay otras consideraciones. La princesa va a ir recolectando medallas parecidas por el resto de España, pero en este caso, el asunto debería haberse meditado más. La evidencia de la deriva del acto fue su lamentable discurso, cargado de tópicos. En Cataluña, cuando habla lo hace siempre en catalán. Aquí ha enjaretado un par de párrafos en gallego, donde lo que destaca es lo bien que se come en los “furanchos”. Faltó una referencia seria, salvo de pasada con los tópicos de siempre, de la historia, la literatura y el conocimiento de Galicia. Si la entrega de la medalla fue un acto rutinario que devalúa el propio sentido de la condecoración en sí misma, este discurso de lugares comunes es la justa respuesta. Debería haberse referido al sentido de la medalla, a las personas relevantes que la recibieron antes por méritos propios y no por la mera rutina que se da en su caso. No porque se deba a un merecimiento personal cualificado, sino porque es hija de su padre y anda estos días por aquí, por otros motivos.
Como estas cosas las ajusta la Casa Real, y asegura que se nota la mano de Letizia Ortiz, poco se ha empeñado la ex periodista asturiana en dotar a su hija de perfiles para armar un discurso coherente, respetuoso y con contenido.
Es como si Galicia no mereciera más. Pues no. Si la Xunta se ha esmerado en celebrar un acto rutinario, casual, ni la necesidad de motivarlo, sólo porque la niña anda por aquí, la Casa Real debería haber demostrado mayor respeto al significado del día, a su significado y a la historia de Galicia. Porque al conceder esta medalla de modo tan frívolo se devalúa la medalla misma y los méritos de quienes la han recibido antes. Claro que aquí no tenemos, por ejemplo, la sensibilidad de los británicos para ciertas cosas.
Leonor ha venido a Galicia a recoger medallas. El día del Carmen, en Marín, su padre le impuso la Gran Cruz del Mérito naval, que sigue a la que ya recibió del Mérito Militar y precede a que, dentro de unos meses, tras su estancia en la Academia del Aire, se le impondrá en este centro. Cierto que su carrera es la que Franco y su bisabuelo el conde de Barcelona acordaron para Juan Carlos (que iba a estudiar Sociología en Lovaina) y que tiene más contenido simbólico que otra cosa, en la perspectiva de que algún día llegue a ser jefe de Estado y de las Fuerzas Armadas. Que por cierto a veces se olvida recordar que la política de defensa (y los nombramientos) es competencia del Gobierno, pese a que a su abuelo le gustaba meter mano, como hiciera Alfonso XIII que quiso reservárselos.
La formación militar ha sido una etapa dura para Leonor, y posiblemente la de la Armada haya sido la más compleja, dados los niveles de exigencia. Es la consecuencia del modelo de Franco para su abuelo, ya que otro caso sería haber seguido una carrera completa desde el inicio con todas sus fases. Dentro de este sistema variado, la princesa de Asturias empezó en Zaragoza con los alumnos de primero y se ha incorporado en la Armada con los de tercero y cuarto. Pese a los refuerzos recibidos, es evidente que ha ido trampeando la carrera lo mejor que ha podido. En un caso ordinario, las notas obtenidas en otros ejercicios hubieran sido un problema para un alumno ordinario. En contra de lo que dicen algunas televisiones todavía no es un oficial. Le queda la formación en el Ejército del Aire y la graduación definitiva por encima del número uno de la promoción en la que empezó.
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