La política de la estulticia

TRAZADO HORIZONAL

La trinchera ideológica en el régimen de los whatsapp. Sólo la solución de las urnas puede limpiar la democracia.

Publicado: 18 may 2025 - 04:55
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, esta semana en el Congreso.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, esta semana en el Congreso.

Sorprende la triste finura de cierto lenguaje empleado por Pedro Sánchez en sus whatsapp con Ábalos, y al mismo tiempo la corrosiva oscuridad fluorescente con la que describe su narcisista haber y hacer político. Es indecoroso que le alcance el rescate de Air Europa, que llame “pájara” a su ministra de Defensa por no implicarse en la destrucción de Ayuso, que utilice insultos ramplones de baja estopa para desacreditar a barones como Page, Lambán, Díaz o Vara, y que cargue contra su vicepresidente Pablo Iglesias, gracias al que llegó a la Moncloa. Pero resulta altamente novedoso, de nivel académico sólo al alcance de un alumno aventajado con tesis cum laude bajo sospecha, que, para referirse a Iglesias, además de acusarle de “torpe”, diga que “lo suyo...es estulticia”. Sin duda, el uso de la palabra “estulticia” eleva la categoría del escribiente de amorosas cartas a la ciudadanía y a Begoña, y define a juicio de muchos la política top cutre desarrollada por el sanchismo en 7 años de Gobierno Frankenstein repleto de cesiones desigualitarias al chantaje societario. La “estulticia” significa necedad, tontería, estupidez, idiotez, bobería, memez, imbecilidad, sandez, bobada o simplemente cojudez. Con lo fácil que le hubiera resultado a Pedro emplear alguno de esos sinónimos, elige una palabra cultureta tan progre como rebuscada para el lenguaje coloquial como “estulticia”. Tócate los bemoles. Pedro cincela vocablos como “casquería”, “fango” y “estulticia”, expresión esta última que no es un término habitual empleado en las prisas de los mensajes de texto. Pero el whatsappero llegó a calificar a Pablo Iglesias de “maltratador”, pese a lo cual le tuvo como vicepresidente, siendo ello una prueba inequívoca de la falta de escrúpulos en esa forma sanchista de practicar la llamada política de la estulticia.

Más alarmante es que, censando a Ábalos, le promoviera en las listas de número dos por Valencia tras una charla en Moncloa

Más alarmante es aún que, habiendo cesado a Ábalos por sus corruptelas presuntas, sus andanzas fiesteras y sus flojeras de virtud, le promoviera como número dos de las listas electorales por Valencia tras una larga conversación en la Moncloa, sin calibrar que la filtración de los whatsapp al diario El Mundo deja al descubierto las incalificables estrategias de un político con escaso apego a la moralidad ejemplar, un servidor público que no suele hacer gala de un código ético fiable. Y así, tras defenestrar a quien le aupó a la secretaría general del PSOE y defendió la moción de censura contra Rajoy y la corrupción que ahora se niega, Pedro el indulgente le traslada a quien fue su número 2 en el PSOE la “solidaridad ante los infundios que veo en medios. La verdad es que he echado de menos muchas veces trabajar contigo. Siempre he valorado mucho -dice- tu criterio político. También tu amistad. En fin. Te mando un abrazo”. Sólo una persona capaz de hacer lo que ha hecho Sánchez en sus años como presidente puede llegar a ese grado de cinismo, de no ser porque prefería tener callado a quien insinuó que podía “hacer caer al Gobierno”. No se puede entender de otra forma esta relación interminable de whatsapp repletos de hipocresía, soberbia y autoritarismo mandón que ponen al descubierto la política de la estulticia capaz de pactar con los herederos políticos de ETA, con golpistas indultados y amnistiados o con comunistas que se identifican con Maduro y Hamás. La cuadratura del círculo culmina bajo el yugo del sanchismo que tanto celebró aquel “sé fuerte, Luis” de Rajoy a Bárcenas, y ahora se rasga las vestiduras con los whatsapp de Sánchez y Ábalos situándolos en el escondite de la ilegalidad y la intimidad bajo amenaza de acciones legales a las que se presta “Manos Limpias” con la evidente intención buscar la nulidad del caso.

Por todo eso, y porque no está claro hasta dónde puede llegar Sánchez en su numantina preservación de la impunidad del poder, el PP ha activado su maquinaria electoral e ideológica. Alberto Núñez Feijóo atiende las recomendaciones y contestaciones internas para reforzar su equipo y su mensaje de cara una hipotética convocatoria electoral que muchos sitúan coincidiendo con las andaluzas de junio de 2026 y otros no descartan para finales de 2025. El acontecer judicial al que se enfrenta el sanchismo, whatsapp incluidos, presagia una permanente crisis gubernamental que mantiene al Ejecutivo a la defensiva y en tensión con el Poder Judicial y con la verdad, sin Presupuestos, y en continuo apagón informativo y de incompetencia. Los whatsapp contenidos en el archivo casero de Koldo son un seguro de vida para la parte imputada, aunque no sean objeto de sumarios estrella que el aparato sanchista archiva en la desmemoria del bulofango, los pseudomedios y la ultraderecha franquista. La política de la estulticia se abre paso entre una sociedad dividida y enfrentada como resultado de la polarización política interesada del régimen. Los whatsapp de ahora no son un ejemplo de castidad, virtud y pureza sanchista que un día usó el socialismo obrero español contra el PP mariano. Pero el régimen de la estulticia se desintegra sin más principios ni valores que su propia subsistencia.

EL COLAPSO DE PILAR

Pilar Alegría
Pilar Alegría

La ministra portavoz Alegría se enfrenta cada martes al último escándalo que salpica al Gobierno. Desde la rueda de prensa del consejo de ministros se dicen cosas que hielan la sangre, y que la oposición tacha de insultos en determinadas ocasiones y de mentiras en otras. Como su jefe, Pilar Alegría ha sido multada por la Junta Electoral Central tras hacer electoralismo desde la Moncloa. Capaz de simular pucheritos por las juergas de paradores, de pelearse en directo con la vicepresidenta Díaz dejándola por mentirosa cuando explicó que no sabía nada de la fiscalidad del SMI o de dar respuestas preparadas a preguntas esperadas previa filtración a los medios, la ministra portavoz colapsaba este pasado martes en plena cresta del caso Ábalos y los whatsapp del exministro y Pedro Sánchez. De tal forma colapsó Pilar Alegría en su huerta monclovita que se refirió al ministro Bolaños como ministro Ábalos. Alegría se apresuró a calificar el episodio de “lapsus” mientras balbuceaba una disculpa que no convenció ni al subconsciente mediático ni a la carcajada de Bolaños, quien acababa de oficializar el blindaje del Fiscal del Estado mediante otro oportunista cambio de Ley.

A UN PASO DEL BANQUILLO

Mónica Oltra
Mónica Oltra

Mónica Oltra está a punto de sentarse en el banquillo después de que la Audiencia Provincial de Valencia haya rechazado el recurso de sus abogados contra el auto de procesamiento. La exvicepresidenta de la Generalitat con el PSOE y exlíder de Compromís está acusada de encubrir los abusos sexuales de su exmarido a una menor tutelada. Como en todo proceso, debe prevalecer la presunción de inocencia hasta conocer la sentencia. Pero lo cierto es que la izquierda está haciendo aguas en asuntos delicados como los abusos sexuales y el acoso, piedras angulares del feminismo ideológico electoralista. Primero fue Podemos con el fracaso de la Ley del sólo sí es sí y la excarcelación y rebaja de condenas de violadores. Después vino el escándalo de Íñigo Errejón denunciado por acoso sexual, lo que le obligó a abandonar el Congreso y la política. Y a continuación, el ideólogo de Podemos, Juan Carlos Monedero, también fue denunciado por acoso y tocamientos durante el 8-M. Ahora Mónica Oltra se enfrenta al banquillo por la supuesta ocultación de los abusos a una menor por parte de su exmarido siendo vicepresidenta de la Generalitat. La Justicia dirá.

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