Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Portero de noche
Argelia ha sido hasta el momento, el último país que le ha dicho hasta aquí a Sánchez y su disparatado Gobierno. No es extraño un comportamiento como el que ha manifestado el Ejecutivo argelino, al que los cambios permanentes de Sánchez en el desarrollo de su política sobre el Magreb le están poniendo de los nervios. Unos bandazos tan seguidos y violentos obligan a adoptar posturas de defensa a aquellos que los padecen. Pero incitan a los administrados de un país tan inestable como el nuestro a tomarse en serio la reflexión sobre el comportamiento de sus gobernantes y a expresar el inaplazable deseo de conocer los motivos de estos incesantes y a menudo inexplicables cabeceos que no pueden despejarse del modo que lo está haciendo nuestro pintoresco equipo de la Moncloa sino con la seriedad y el rigor que se exige en un país que ocupa en el escalafón de naciones de la Unión Europea un lugar estratégico destacado especialmente importante en el desarrollo de relaciones entre nuestro continente y el africano.
Ante una situación tan irregular uno no para de hacerse preguntas y no para de platearse dónde están las razones que nos han conducido hasta aquí. No soy ni lo pretendo, un experto en relaciones internacionales como no lo somos la mayoría del buen pueblo que asiste silente a los bandazos que muestra el Gobierno y sus inesperadas mudas de posición. Pero que no seamos conocedores de la materia no obvia la necesidad de ser informados en este tiempo de la aventura humana en el que el Despotismo Ilustrado se superó hace casi tres siglos. Todo por el pueblo pero sin el pueblo es aventurado y desde luego, inaceptable.
Puestos a pensar, lo más razonable es suponer que aquellos gigas birlados a los teléfonos de la ministra del Exterior, del ministro del Interior y del presidente del Gobierno tienen algo que ver en este extraño paisaje en el que estamos viviendo. Solo la posibilidad de que alguien haya robado materia inflamable y secreta puede explicar estos cambios bruscos y estas políticas que están poniendo patas arriba nuestra posición secular en el Magreb. De otra forma nada cobra sentido. Mientras nuestros gobernantes deciden si nos los explican nos dedicaremos a otros menesteres más entretenidos.
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