Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
Las cosas en España no están para tirar cohetes. Podemos distraernos con el ruido político de la corrupción, los incendios, la Dana, las cesiones impresentables a los independentistas por unos votos, incluida la amnistía inconstitucional, o los líos del mundo mundial con Sánchez imitando en casa a esos dos peligrosos estadistas mundiales llamados Trump y Putin. Pero con el consejo de ministros chupando rueda de la oposición en medidas contra el fuego intencionado, todo ha vuelto a normalizarse en la polarización dominante e impositiva para asombro general. En septiembre, la gresca de las corruptelas volverá a incendiar el monte de la política porque cualquier país limpio y democrático no puede seguir mirando para otro lado como quiere la mangancia de este tiempo. La consigna oficial es que el Fiscal del borrado no será condenado. Tampoco la mujer de Pedro ni el hermano David, porque son causas sin capacidad jurídica probatoria, dicen algunos estómagos agradecidos, del mismo modo que se deposita toda la carga de la corrupción sanchista en el caso Cerdán-Ábalos-Koldo como unidad de destino a lo universal porque ahí los indicios son demoledores y se necesitan chivos expiatorios para salvar el régimen del desgobierno y tapar otras cosas. Resulta tan enternecedor como lamentable que a estas alturas de indecoro político se trate de desprestigiar desde el Gobierno y desde algunos sectores fiscales a los jueces, porque eso es adoptar el argumentario sanchista, independientemente de que magistrados como Peinado culminen o no con sentencias condenatorias los sumarios más sensibles, principalmente el del Begoña Gómez. La esposa del presidente suma la imputación por malversación a sus anteriores presuntos delitos de tráfico de influencias, corrupción en los negocios y apropiación indebida de marca software en su increíble trayectoria como catedrática sin título que, ya sólo eso, es suficiente vergüenza como para dimitir y pedir perdón por querer parecerlo además de no serlo.
Conviene recordar que Pedro Sánchez llegó al cargo a caballo de la lucha contra la corrupción y de la regeneración democrática
Al juez Peinado le tachan incluso de “prevaricador” en algunas instancias cercanas a la causa del Fiscal General del sanchismo como razón justificativa de la indebida actuación fiscal en el caso del novio de Ayuso, magnificado para equilibrar mediática y judicialmente las vergüenzas familiares. Es decir, el problema es la actuación indebida de Peinado, ya se verá, y no el presunto abuso de posición del presidente del Gobierno con su esposa y su hermano, para el que se creó un cargo a dedo en Extremadura con el que colmar sus aspiraciones musicales. Conviene recordar que Pedro Sánchez llegó al cargo a caballo de la lucha contra la corrupción y de la regeneración democrática de la que se olvidó nada más pisar Moncloa. Quizás fuera necesario pedir prudencia ya no sólo a la oposición y a la prensa, sino al propio Gobierno, los jueces y los fiscales relacionados de uno y otro modo con tanto deterioro democrático y político. Ni siquiera en desgracias como la Dana, los incendios o la pandemia el poder ha tenido un comportamiento racional y leal con el Estado y la ciudadanía. Política de tierra quemada ¡Qué vergüenza!
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último