Antonio Nespereira
PERDÓN POR LA MOLESTIA
Bar y cultura, taberna y tabernario
TRAZADO HORIZONTAL
La política del truño encaja con la pésima imagen nacional e internacional que está dando España con los campamentos de inmigrantes ilegales en el puerto, la playa del Trampolín y otros barrios ceutíes. Allí los invasores de Marruecos campan a sus anchas, cronifican el miedo, la violencia y la okupación de la ciudad española, montan mercadillos de estraperlo, venden droga y atemorizan a las mujeres y niñas tras decenas de denuncias por violación. El lenguaje político español cuenta con un nuevo vocablo acuñado por Oscar Puente, repleto de la finura, galanía y educación que caracterizan al ministro socialista. Dijo el ministro de Adamuz que el Gran Premio de fórmula 1 de España celebrado en Madrid fue “un auténtico truño”, porque como es sabido, Puente sabe mucho de retrasos en la alta velocidad, y poco de mantenimiento y soldaduras. La palabra “truño” es una expresión coloquial y vulgar que se usa de forma literal para referirse a un excremento o a algo muy mal hecho, feo, sin valor y decepcionante. En su afán por desacreditar a la oposición, y en concreto a Ayuso, el ministro no cayó en la cuenta de que podía prestarse a interpretaciones sobre su propia gestión, la mala gestión que hace de los trenes, las infraestructuras y su mantenimiento según denuncian usuarios y maquinistas. A lo mejor el ministro tuitero nos sorprende llamando “truño” a la política migratoria del Gobierno, que en una dejación de funciones sin precedentes ha permitido y permite la okupación de Ceuta por miles de inmigrantes invasores que han convertido la ciudad española en un hedor insoportable de insalubridad que su propio “puto amo” describió inicialmente como un “ataque y violación de la integridad territorial de España”, y la UE califica de “invasión y guerra híbrida”.
El nuevo vocablo acuñado por Óscar Puente está repleto de la finura, galanía y educación que caracterizan al ministro
El “truño” es una acepción que, lejos de describir el éxito de organización, movilización e impacto económico de la fórmula 1 en Madrid, puede entenderse como una falta de respeto a los 350.000 aficionados que visitaron el circuito de Valdebebas y asistieron al gran premio de España calificado por Puente como “trenecito de coches”. Para trenes, los suyos, que han perdido más de tres millones de usuarios en seis meses, generan desconfianza por las averías y los cortes de servicio continuos y han convertido las cercanías en un infierno siempre y cuando no sean los rodalíes de los socios separatistas. La política del truño sanchista también puede ser errática, porque a lo mejor Puente quiso decir trullo, que es donde están Ábalos y Koldo, condenados por corrupción. En el trullo, prisión o cárcel pueden acabar otros cooperadores necesarios del régimen porque la política del truño huele demasiado a fango y a cloaca de Leire, que es lo que investigan los tribunales en relación con el defenestrado e imputado segundo secretario de organización socialista y mano derecha de Sánchez llamado Santos Cerdán. La política del truño huele a comisiones por el rescate de Plus Ultra, al mojón inexplicable de las joyas de Zapatero o a las donaciones y la investigada financiación del PSOE, porque los jueces buscan delitos en el zurullo gigante en el que se ha convertido esta falsa Legislatura. De política del truño podría catalogar la oposición el dopaje del censo electoral con la ley de nietos que la hermana de Puente modificó mediante una instrucción que el Tribunal Supremo ha paralizado, y la Junta Electoral Central acata. La política del truño se está convirtiendo en un ñordo demoscópico literal con el que el CIS de Tezanos mancha sus encuestas malolientes en las que el PSOE arrasa pese a la corrupción, el asalto de Ceuta y otras vergüenzas en contra de lo que dicen los demás sondeos conocidos. A la vista de los malos resultados del informe PISA no faltará quien entienda que la política educativa del sanchismo implantada por Celáa es un auténtico truño digno de ser estudiado en las escuelas como injerencia ideológica y destierro de la cultura del conocimiento y del esfuerzo. Y hasta truño es que Mbappé, Vinicius y Konaté desprecien la camiseta de apoyo a Ceuta en el país que les da trabajo.
La vejación de la política se convierte en auténtico truño cuando sus protagonistas se transforman en tertulianos que opinan con evidente sectarismo sin resolver los problemas verdaderos que les debieran ocupar. Eso es la política del truño, la renuncia a la vocación de servicio público, una disfunción intelectual del equilibrio, la neutralidad y la transversalidad, una apestosa manipulación del electorado mediante la polarización y la confrontación guerracivilista de los españoles. Esa política del truño que apesta a la mayoría de la sociedad incluye pactar con los herederos políticos de la banda terrorista ETA y los golpistas del procés o agitar los fantasmas de la ultraderecha mientras el Gobierno cobija a la ultraizquierda comunista que fomenta el derrocamiento de la monarquía constitucional y promueve políticas bolivarianas de escasa vocación democrática. A la vista de lo descrito, el lector sacará sus propias conclusiones sobre la naturaleza de la política del truño, sinónimo inevitable de fango y de cloaca
Mohamed VI se ha convertido en un rey fantasma en la crisis de Ceuta provocada por Marruecos que la UE llama “invasión” en una resolución rechazada por el PSOE. Estamos ante una corona autócrata dentro de una supuesta democracia, donde el régimen somete al pueblo y juega con su bienestar y la inmigración ilegal. Al parecer pasa la mayor parte del tiempo en París mientras su gobierno actúa con impunidad dentro y fuera de las fronteras marroquíes. Dicen que está enfermo, que su sucesión está lista y que su hijo es de la línea alauita más dura. El 23 de septiembre hay elecciones en Marruecos, y se supone que después bajará la tensión y Felipe VI visitará Ceuta y Melilla, quizás con Sánchez parapetado tras la Corona. Pero el misterioso monarca marroquí es un problema para España, no solo por contribuir e instigar la invasión de Ceuta, sino porque usa Pegasus y el supuesto conocimiento de secretos del móvil de Sánchez y sus ministros, lo que mantiene paralizado al Gobierno español. Y mientras, lección del jugador marroquí del Betis, Abde, que se puso la camiseta de apoyo a Ceuta, cosa que no hicieron tres señoritos del Madrid ni todos los senyorets del Barça.
A sus 73 años, Juan Jesús Vivas se ha convertido en uno de los grandes valores de credibilidad del PP por su actuación transparente y decidida en defensa de la españolidad de Ceuta. Vivas arrasa con un estilo propio, entre humilde y tenaz, con formas de versatilidad pausada y serena, pero con una determinación de principios y hechos que el pueblo ceutí y resto de españoles valoran en tiempos de traición. El presidente ceutí arrasó esta semana en su entrevista en “El hormiguero”, alcanzando un 17 por ciento de cuota de pantalla, lo que supone casi 2.100.000 espectadores de media. Pedro Sánchez, en “El Intermedio” de un entregado Wayoming, se quedó en un 12 por ciento y cerca de 1,5 millones justo el día en el que el CIS “malversaba” su última encuesta dando 5 puntos de ventaja al PSOE sobre el PP. Pedro está celoso (“Pregúntele a Vivas”) del presidente ceutí, que se ha ganado el respeto de España y de Europa por la defensa de la frontera con África. Vivas volverá a recibir este lunes a Feijóo, que visitará la ciudad española por cuarta vez desde el asalto acompañado por Weber, presidente del PP europeo.
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